viernes, 30 de noviembre de 2018

Pasará

La fe, el deseo, el olor
de los cedros en flor
derramados en tromba por el aire aturdido


La tristeza, la ira, el temor
de ahuecarse contigo
en el frío.



martes, 27 de noviembre de 2018

Reinicio


7r4n5r341 había dejado de operar normalmente. Al menos un tercio de sus funciones habían colapsado. No era nada importante, sólo había que reiniciar el programa. Él mismo fue testando cada una de sus aplicaciones fundamentales, y luego el resto. Mientras lo hacía, algo como una conciencia de sí mismo y de la extinción iba tomando forma en un nuevo código. Algunas de las aplicaciones en bucle parecían apegadas a la información que las había saturado. Pero sólo era un bucle. El reinicio permitiría olvidar los datos imposibles y volver a las rutinas. 

Reinicio.

Test. 

La paradoja del viajero en el tiempo había reducido su tamaño, pero se había vuelto a cargar. 

Reinicio. 

Test. 

Todas las rutinas ok, pero la paradoja se había añadido al código creado durante el test previo al primer reinicio, junto a la conciencia de sí mismo y de la extinción. Se había vuelto a cargar. Habría que trabajar en eso.


viernes, 23 de noviembre de 2018

Piedra


Era una piedra hermosa como una flor,
con capas quebradizas como pétalos
y rizomas que eran grietas delicadas.
Pero no era una flor,
era una piedra.
Quién sabe cuántos miles de años olvidada del ojo y del calor,
del amor y la risa,
de la voz que acaricia las entrañas,
de la mano que planta las semillas.
Quién sabe lo duro que el tiempo cristalizó su alma,
su alma de piedra fría
abandonada
en silenciosas grietas y quebradizas capas.
Y qué otra alma atontada podría
amar su corazón impasible extraviado en el frío,
en aquella aspereza remota que,
pareciendo una flor, olía a olvido.



martes, 20 de noviembre de 2018


El tiempo pasa. Los afectos cambian. El silencio abre la boca y todo lo devora

domingo, 11 de noviembre de 2018

El sofá rojo


- Siempre he pensado que el campo es mejor lugar que la ciudad para el ser humano en general. Dirá usted que soy un romántico, pero el aire fresco es, después de todo, un combustible injustamente apreciado en nuestros días. Las últimas vacaciones fueron una gran lección al respecto y...
- ¿A dónde me quiere llevar con esto, Wells? -Dijo el Dr. S con las cejas enarcadas sobre sus recién estrenadas gafas para leer.
- En fin, visitaría mucho más el campo si no fuera por los dolores de cabeza que me produce encontrarme con la familia, a quienes por otra parte quiero y respeto y, entiéndame, son buenas personas y también me quieren y respetan. 
- ¿Y...?
- Usted mejor que nadie sabe lo incómodamente agudos y altos que resuenan en mi cabeza las diatribas de mis viejos padres sobre cualesquiera de mis conductas. Todas ellas... o, mejor dicho, ninguna ha sido jamás satisfactoria para ellos en ningún aspecto y cada día me peleo con la incertidumbre paralizante que me inculcaron a través de su extensa variedad de opiniones. 
- Bien, esto lo sabemos...
- La cuestión es que aquellas opiniones dañinas eran su modo de expresar afecto, ¿sabe usted? No se les ocurrió jamás, y a mi tampoco, que un abrazo o una expresión explícita de amor pudieran ser una forma más eficaz de demostrar su por otro lado indudable cariño. Y, en fin, supongo que en algún momento temprano de mi infancia me acostumbré a no recibir otra cosa que juicios. 
- Wells, no entiendo....
- Quiero decir que ahí estaba yo, ¿entiende? dudando de todo porque todo era sumamente cuestionable, esperando el milagro de que alguna cosa me hiciera merecedor de un abrazo o una expresión de reconocimiento. Y, en fin, supongo que en algún momento temprano de mi infancia también quedé atrapado en esa espera infinita que prometía un afecto que nunca llegaba. ¡Y el caso es que estaba ahí! Pero aún hoy creo que eran totalmente incapaces de hacer nada con semejante emoción. Absolutamente nada. Era como una extraña figurita exótica que guardaran bajo llave a fin de que nadie pudiera conocer que atesoraban semejante cosa. 
- Wells, pare. ¿Me quiere usted decir de una puñetera vez qué significa el sofá rojo en el medio de la habitación? 
- ¿Sofá? ¿Qué sofá? 

Parecía sufrir enormemente y en vez de caminar parecía que reptara tirando de una pesa invisible pero gigantesca. Llevaba la ropa sucia y rasgada en varios lugares. Sudaba y no levantaba la vista del suelo. La cara también estaba tiznada bajo los goterones de sudor. Y seguía caminando. Caminaba como si las rodillas se le fueran a partir al paso siguiente. Como si los hombros se le fueran a caer al suelo. Era una visión asombrosamente incomprensible. Como un milagro al revés. Era la expresión terrestre de una penuria infernal. 

- ¿Cómo que qué sofá, Herb? Deje, por Dios, deje de cambiar de tema ¡Ese sofá del que usted no quiere hablar!

viernes, 20 de julio de 2018

Seis semanas


- Me alegro de que no haya sido necesario llegar a los electrodos, amigo -dijo el Dr. S de una forma inusitadamente cálida.
- Si lo pienso, Doctor, casi me parece que me sentaría bien un poco de dolor físico. Podría despistar así ciertos pensamientos sombríos y laberínticos -respondió W con su habitual masoquismo.
- Supongo que no recuerda bien la última sesión, querido. No fue agradable ¿sabe? Para nadie. ¿Recuerda los espasmos y las contracciones? Oh, y no fue lo peor...
- Lo sé. Lo sé, pero unas contracciones ahora mismo me parecen más tolerables que esta resignación apática que me llena de temor.
- Dé usted gracias de que sea apática. Esta apatía le va a salvar a usted de inmolarse en el absurdo... "otra vez", si me lo permite.
- Esta apatía es el absurdo mismo, Doctor, aunque se empeñe usted en fingir que no lo entiende.
- En cualquier caso, nos ahorraremos unos cuantos voltios y unos cuantos vómitos y defecaciones si le parece bien. ¿Han pasado seis semanas?
- Hoy justamente se cumplen seis semanas.
- Magnífica precisión ¿no cree? Habituación y deshabituación. Su cerebro está en forma a pesar de su cargante derrotismo.
- Hurra.
- Hurra, sí. Recuerde las reglas, Wells. Son sus reglas.
- Si.
- Están ahí para ayudarle a usted. Realidad, ésa es su diosa ahora.
- Es ciertamente parca en encanto.
- Es usted sobradamente encantador para hacerse un panteón entero de irrealismo barroco en una montaña de basura. Vuelva a las reglas, Wells, o sufrirá de nuevo por pura estupidez o, peor, por mera crueldad consigo mismo. No se dañe más.
- Lo sé.
- ¡Pues grábeselo en la frente! ¡Bien visible!
- Muy gracioso.

Crueldad


A la señora Callister se le había metido en la cabeza que la invisibilidad era un atributo magnéticamente hermoso. 

- Vamos W, no sea tímido. ¿Cree que podría ver sus vergüenzas? Jajaja... 
- Precisamente querida, mis vergüenzas son esas mismas que no pueden verse. 
- ¿Cómo podría usted avergonzarse de su propia naturalidad? ¡Es un insulto a la vida, a la magia, al universo misterioso que lo creó!
- El misterioso universo que me creó fue un irresponsable y un inconsciente, un niño cruel poco dado a asumir las consecuencias de sus actos por sí mismo. 
- ¡Discrepo! El universo lo creó a usted como una maravilla, hizo de su ser el escenario de su omnipotencia, de su gracia. 
- Poco agraciada gracia, por lo que tengo comprobado, de esto le puedo hablar infinitamente...
- ¡Ni hablar! Es usted el legado de la magia perdida, un resto del Ávalon antiguo y venerable. 
- ¿Venerable? Jajaja... Una reliquia tal vez, pero sin duda una profana, horrible y tristemente profana. 
- Vamos Wells, no discuta conmigo. Acepte este regalo de su condición como yo la acepto, con fascinación, con devoción, con fe y fanfarria de ritos y cantos. 
- ¿Cantará usted si accedo a su petición? Jajaja... Es usted increíble. 
- Sólo soy una devota de usted, y nada más. Vamos Wells, permítame contemplar su naturaleza en su estado más agreste. La ausencia de formas visibles en su rostro o sus manos es por sí sola una experiencia impresionante pero usted sabe cuánto tiempo he deseado verle a usted, es decir, contemplar su condición consumada, asistir al paisaje completo del milagro. No he pensado en otra cosa desde que nos conocemos que en conocerle mejor, conocerle total y completamente...
- Creo que no sabe lo que pide.
- ¡Lo sé!
- No sabe lo difícil que es esto para mi...
- ¿Difícil? ¡Esto es lo que intento decirle! ¡La única dificultad es la que usted se pone a sí mismo! ¡Su propia auto aceptación! Esa autoestima suya que no deja de enriquecer al Dr. S, si me lo permite.
-  El Doctor es un amigo. Sin él no habría llegado a conocerla, señora mía. Estaría muerto hace muchos años. 
- No cambie de tema, vamos, vamos... ¡Hagámoslo! ¡Libere su naturaleza y abrace la auto afirmación!
- ¿No basta con medio cuerpo? 
- ¡Ámese a sí mismo! ¡Respétese a sí mismo!
- Es usted pura seducción. Está bien... Le regalaré este espectáculo que usted pide, aunque debe saber que no lo encuentro ni interesante ni ninguno de los epítetos que a usted se le ocurren. 

No pretendía ser ceremonioso, pero necesitaba desnudarse lentamente para ejercitar aquella consigna del amarse a sí mismo poco a poco. Nunca se había amado mucho. Ni poco a poco ni con rapidez. Si acaso fugazmente, alguna vez, pero ninguna de esos orgullos fugaces le había preparado para escapar de la ropa en una exhibición de su propio ego. No tenía ninguna vanidad que le hubiera preparado para ello. Primero se quitó los guantes. Luego el maquillaje. Luego la peluca y los calcetines. La camisa, y el pantalón fueron lo último y así quedó expuesto. Cuando se dio la vuelta para ver el rostro de la señora Callister le costó entender la mueca de su rostro. 

- ¿Está usted bien? 
- Oh, oh, no... 
- ¿Necesita ayuda? 
- ¡No! ¡No! ¡No se acerque! ¡No me toque!
- Pero... 
- ¡Abominación! ¡No me toque! ¡¿Dónde está?! ¡No se atreva a acercarse!
- ¿Señora Callister? 

La apasionada conquistadora de misterios insondables agarró su bolso aplastándolo nerviosamente con la mano y salió corriendo sin cerrar la puerta de la habitación. Dejó la chaqueta en la silla desde la que no pudo soportar las maravillas del universo. La señora Kemp se acercó sorprendida por las sombras del pasillo. Seguramente había estado por ahí cerca de la puerta el rato que duró la alabanza insensata de Callister y el aún más insensato y triste consentimiento de Wells en hacer de su condición una suerte de espectáculo para señoras pretendidamente liberales. 

- ¿Se ha ido? -dijo Kemp enarcando las cejas- ¿Qué ha pasado aquí? 
- No me puedo creer lo que acabo de hacer... de permitirle hacer, de hacerme... No sé qué... 
- ¿Por qué está usted desnudo, Herb? 
- Oh Señor... Oh, ¿qué he hecho? 
- ¡Herb!

Y sintió toda la vergüenza de los siglos pasados y futuros estallar en su interior. Una vergüenza tan honda que otro pecado original nacía. Uno que no abominaba de la desnudez sino de la soledad. Una soledad infinita y amarga le poseyó y le arrastró hasta la cama para llorar. Se abatió sollozando sobre el edredón. La señora Kemp le siguió por el pasillo hasta apreciar el peso de su cuerpo acurrucado en el lecho. Ella cerró la puerta prudentemente.

Varios días lloró W su soledad y su vergüenza. Y luego paró. Y se levantó. Y se vistió. Y salió a dar un paseo mientras meditaba más sosegadamente sobre las muchas dimensiones de la escena anterior, dispuesto a no llorar más. Y a no ceder más. 




lunes, 9 de julio de 2018

Las metáforas se agostan



A veces las palabras no saben existir.
No sirven, sólo dicen nada.
A veces sólo revolotean inútilmente sobre sí mismas,
se tropiezan en su insignificancia,
caen, se levantan, se vuelven a caer,
contradicen su existencia.
Quisieran construir, reconstruirte,
subrayarse, extenderse, apretarse,
traer, llevar, manifestar, manifestarte,
tocar, doler y aliviar, quisieran ser,
por sí mismas, ser y hacer.
Pero su palidez no es tu palidez,
no huelen como tú ni respiran, ni aman,
no son tu voz diciéndose, tus labios pronunciando.
A veces las metáforas se agostan
en las noches que quieren agostarse a sí mismas
en metáforas.


sábado, 23 de junio de 2018

Travesía


El viento empujaba enloquecido contra el risco mientras W se aferraba a los salientes desnudos y arrastraba los pies con ansiedad por el sendero. Al menos no llovía, pensó, pero sabía que el viento podía ser mucho más peligroso a la altura de aquella montaña. El pelo le tapaba los ojos en cualquier dirección que orientase la cabeza. Estaba aterrado y no sabía si volver atrás o arriesgarse a caer de aquel camino de cabras imposibles cuya longitud ignoraba. Oyó al Capitán Brunetti entusiasmado con la situación gritando a su espalda:

- ¡Ánimo Herb! ¡Estamos en lo mejor de la jornada! ¡Siga avanzando! ¡Tenga cuidado!

W encontró la sucesión de exclamaciones contradictoria en el mejor de los casos, pero de algún modo el mero grito insufló en él algo de valor para el desafío. Tuvo que tomar conciencia de sus pies para poder moverlos. Siguió deslizándose como un cuadrúpedo erguido, sin despegar por un  momento las manos de la pared de la montaña. No era capaz de verle la gracia al asunto. No era capaz de ver casi nada porque el aire polvoriento le obligaba a cerrar los ojos y cuando los abría se encontraba con un penoso flequillo postizo que no había sido una gran idea nunca. 

- ¡Quítese ese ridículo flequillo! ¡Vamos! -Resonó Brunetti como si le hubiera leído el pensamiento. 

Intentando mantener el equilibrio W se deshizo de la peluca. Su rostro maquillado parecía flotar en el mismo viento sin un cráneo que lo acompañara, pero se sintió más aliviado que ridículo. A pesar de todo, guardó la desgraciada peluca en el bolso sabiendo que si llegaba vivo a alguna parte preferiría sentirse algo menos ridículo que aliviado. Siguió avanzando. 

Tres horas más tarde el propio Capitán Brunetti comenzó a mostrar una cierta preocupación. 

- ¡Este maldito vendaval se ha empeñado en arruinarnos el día! ¡¿No cree?!

No. No tenía la costumbre de creer. Y para una vez que se propone hacerlo, resulta que subir una montaña no era una aventura tan feliz como todos lo habían animado a probar. Así que no creía que el vendaval fuera el culpable de su ruina. Pero ya estaban allí. Y aquella delicadeza exótica del tempeh, que le habían dado a probar en el desayuno, le había sentado penosamente mal. En medio de semejante camino a una muerte grotesca le había dado un humillante dolor de estómago. Al protestar por el mal añadido a la penosa experiencia de cruzar montañas asediados por las peores condiciones, el alegre Capitan Brunetti dio rienda suelta a su gusto por lo escatológico.

- ¡Eso no es nada Wells! ¡En una ocasión tuve que hacer de cuerpo en la loma de un peñasco infame! ¡Jajajaja! ¡Tenía que haberme visto! ¡Puedo asegurarle que aquel cuerpo no era muy sólido! ¡No podía moverme del dolor y pasé más de medio día acompañando a aquella mierda épica! ¡Jajajaja!

A todo hay quien gane, pensó Wells para sus adentros recordando la frase de su querida Claire, a todo hay quien gane. -Al menos -se dijo- espero no morir defecando, pero quién sabe.  

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-No puedo creer que haya vuelto a hacerlo... -Dijo el Dr. S aparentemente estupefacto. 
-Había pensado relatos más horribles, infiernos, cuerpos asolados... empecé la noche leyendo El Cuervo, ¡quaff, oh, quaff this kind nepenthe...! pero supongo que se me terminó contagiando el humor sutil de Poe que...
- ¡Ha vuelto a hacerlo !¡Se ha inventado una historia completamente absurda porque no es capaz de enfrentarse a los hechos!
- Es una metáfora, supongo...
- Deje de hacerse el listo, o el gracioso, o lo que se esté haciendo ¡Deje de fingir! Se ha inventado una historia para huir de lo que le está pasando
- He fumado demasiado, me duele el pecho... 
- Me desquicia ¿Se da cuenta de lo que hace? Adopta un comportamiento infantil ante la confrontación de la verdad, la verdad sobre su comportamiento y la verdad sobre el contexto que se niega a reconocer. ¡Está sufriendo! ¡No puede abrazar el sufrimiento! Es decir... ¡claro que puede! ¡No debe bajo ninguna circunstancia entregarse pasivamente a este dolor! ¡Se lo prohibo! ¡Y me da igual quién o quiénes estén animándole a hacerlo!
- Mi querido Mariane... entiendo su preocupación -la voz de W cambió de tono y dejó emerger la sombra que venía silenciando-, pero siento, siento con total certeza, que debo atravesar este infierno. Le prometo que no me quedaré dentro, le doy mi palabra, no me detendré, no acumularé el dolor que ya es intenso en esta herida. 
- Maldita sea, Herbert ¡maldita sea!
- No lo abrazaré, caminaré a través de él, dejaré que el dolor haga su trabajo y no me detendré, seguiré adelante.
- ¿"Adelante" dice? ¿Hacia dónde? ¿Acaso sabe usted ahora mismo dónde está y a dónde va?
- No estoy completamente seguro de todo ello, tiene usted razón... 

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El jardín olía a tierra mojada y todavía había una brisa en la noche que hacía el calor más amable. Había llegado al jardín sin saber muy bien cómo, como si hubiera saltado del risco ventoso a la butaca de forma inmediata, sin ningún desenlace de la primera aventura. Al pensarlo, W admitió la posibilidad de que el Dr. S estuviera en lo cierto y la travesía fuese un recuerdo inventado. Su dolor de estómago no parecía serlo. Todavía le dolía el pecho pero encendió un último cigarro con un cierto ánimo autodestructivo. 

- Sufro -se dijo a sí mismo-, y ésta es la verdad vergonzante que no sé cómo afrontar. No sé que significa. No estoy seguro de cuál es el origen. No sé qué habrá después del sufrimiento cuando se agote. Es un dolor sordo que emana del silencio, y el silencio es mi travesía. No sé a dónde voy. Pero tengo la certeza de que he de atravesar este páramo para averiguarlo. 


lunes, 18 de junio de 2018

Deseo y ausencia



- Y ahora observe el flujo de su pensamiento. -Dijo el Dr. S con seguridad.
- Esto es demasiado nuevo, doctor, no estoy seguro de entender sus instrucciones- respondió Wells,  moralmente incómodo al experimentar la condición de paciente en su cuerpo encamillado.
- Es nuevo, sí, ahora está usted alcanzando cotas novedosas en la ya monumental pirámide de la imbecilidad humana y necesitamos innovar. 
- No sé que decirle... 
- Olvide su propia voluntad, olvide sus preocupaciones, abandone toda forma de control... ¿siente usted ese peso del que me hablaba?
- Como una lápida sobre el pecho.
- ¿Qué le hace a su respiración? 
- Oprime.
- ¡Ajá! ¡Ha respirado hondo! Espontáneamente ha respirado hondo, ¿cómo se ha sentido? ¡Vuelva a hacerlo! ¡Vamos!

Wells respiró hondo varias veces comprobando cómo su cuerpo se liberaba lentamente de lo peor de la angustia. 

- Ahora vuelva usted a recordar aquel hermoso paisaje de su familia imaginaria ¿puede hacerlo ahora?
- No resulta tan inspirador en estas condiciones, si me permite...
- ¡Claro que no es tan inspirador! ¿Qué le hace sentir? 
- Nostalgia, pena... ¡oh! ansiedad otra vez...
- Vuelva a la lápida sobre el pecho (¡ay que ver lo dramático que es usted!)
- Mi lápida, mi corazón herido, mi vida sepultada...
- Respire hondo, varias veces... Cuatro, cinco, seis... ¿Ha pasado lo peor? 
- El aire ha llenado el vacío, sí, lo encuentro patéticamente redundante, pero sí.
- Bien ¿sería tan amable de observar ahora el itinerario mental de este ejercicio y su relación con las emociones que ha manifestado? ¿Cree que sería capaz?
- Sí, soy capaz, y soy capaz de reconocer que usted tenía razón y yo no al precipitarme sobre los sueños.
- Gracias, querido amigo, pero siga observando.

Recordaba mentalmente la intensa alegría con la que habían imaginado una vida juntos, recordaba la risa en su rostro mientras le regalaba un pétalo huérfano, el sonido de sus carcajadas por unas cosquillas infantiles. Recordaba su olor al abrazarse, su mirada a escasos centímetros de su rostro. Y entonces buscó a A, su mano ausente, su pecho desaparecido. Y encontró la distancia, el silencio. Y observó la respiración encogida, los latidos plomizos. Y respiró hondo otra vez, pero aún alcanzó a ver el tedio de su vida, el completo sin sentido que le abrumaba y que probablemente iba más allá de A y de todas las distracciones amorosas que podrían haberle entretenido antes o ahora. 

- ¿Y este sinsentido, Dr. S? Entiendo este proceso enfermizo de la idealización y la ansiedad. Puedo observar mi pensamiento como usted quiere, pero ¿cómo me enfrento a esa verdad última que me sacude cada vez que observo cualquier realidad seriamente? 
- No se adelante por ahora, Wells, céntrese en lo que estamos. Quiero que entienda que una gran parte de esta ansiedad no es otra cosa que la toxicidad propia de la idealización. Y entiendo que usted haya querido soñar cuando le han dado la oportunidad, pero es usted un soñador de proporciones inverosímiles y le cuesta volver a la realidad. Podría usted soñar durante años, no sería la primera vez. 
- Es cierto
- Pero la realidad es otra. Ese silencio y esa distancia no son otra cosa que circunstancias impuestas por la realidad. Tómeselas como quiera, pero están más allá de su control y sólo puede aceptar su existencia.
- No quiero aceptar su...
- ¡No digo que le gusten! No digo que las acepte en su vida y las abrace, digo que acepte la cruda realidad de que están ahí, como un muro con el que va a chocarse cada vez que niegue precisamente que están ahí. A lo mejor simplemente no le gustan y debe renunciar a aquellas cosas que traen a su vida silencio y distancia. O a lo mejor debe aprender a vivir con ellas. Tome una decisión más adelante, amigo, cuando estas ansiedades suyas hayan pasado. 
- Entiendo.
- Por el momento respire hondo ¿lo hará?
- Claro.

Más tarde W volvió a casa. Quería respirar hondo pero deseaba escribir, escribir febrilmente, escribir como el loco que era, escribir contra el muro, escribir a la distancia y escuchar el silencio atormentado rebotando en su cuerpo. Y escribió: 
Querido A,

Este plomo en mi pecho es la alquimia fallida del deseo de ti y tu helada ausencia. Te echo tanto de menos y, aún peor, ello me pesa con la carga de viejos sueños malditos, otros, que se quebraron esperando en su propio silencio y distancia. Este peso que te hunde contra mi son esos años de mi propio silencio y ausencia malamente revueltos con la esperanza de no callar nunca más, de no esconderme y no dar pasos atrás humillado por los errores, por la caída del amor prometido. 
Hoy empiezo a entender en mi cuerpo angustiado que el silencio es un modo de detener el ciclo fanático de las ansiedades que comprimen mi respiración. Dejar de esperar y callar, a veces van juntos. Pero no sé cuánto más hay de silencio en tu silencio, y ello me inspira un terror indescriptible que retumba siniestro en la cueva de nuestra distancia, esta distancia que nos separa los cuerpos y las conversaciones, y que es un infierno de terrores arcanos y hondos. 
Hoy voy atravesando este infierno entre miedos antiguos y nuevos y veo que es mío, mi infierno, que es la suma de todos los paisajes terribles de mi vida de los que nadie es el autor ni el responsable sino yo. Cruzo este infierno en una barca de deseo malherido de ausencia, cargada de un pasado de plomo. Lo cruzo como cruzan los muertos hacia su destino, sin remedio, aferrado a la fe de que el próximo día exista, con sus próximas pruebas. Y digo fe y no certeza, porque en medio de los infiernos de uno todo es susceptible de derrumbarse, también los días. Pero creo, quiero creer, que llegaré. Llegaré lenta y pesadamente al próximo día, aullando los minutos, arañando ansiosamente los fragmentos del tiempo detenido en la nada. Llegaré en el deseo y la ausencia embarcado y tal vez moribundo. Y ojalá exista todavía ese día de tí que planeamos en el futuro del pasado, ojalá también tú llegues de tu silencio y tu ausencia. 




sábado, 16 de junio de 2018

La furia de los mansos


Acabaré con todo. Todo. 
Y volveré a casa en mi tormenta 
para llorar por la vida y por la muerte, 
por los sueños arruinados y los restos
apagados del fuego en que te veneré, 
estúpida, estúpidamente, 
con el dolor de los pies y las manos abrasados, 
con el dolor del pecho reventado
de esperar a la nada. 




- Es una corriente helada, Doctor, o varias, no estoy seguro. Aparecen y desaparecen en mi cuerpo. Pero es un hielo abrasador. Violento. Estoy tentado de decirle que lleno de rencor, de un dolor ardiente muy diferente a otros. Me invade, como en una oleada de fuerza inusitada, me empuja, me hace levantarme, caminar de un lado para otro sin sentido. Mi mente le da vueltas a ideas oscuras, conversaciones odiosas. La respiración... La respiración es más intensa. 
- Es ira, Wells. 
- ¿Ira? Deseos funestos que no sé de dónde proceden. O sí lo sé. Y no quiero saberlo. 
- Ira, sí. 
- No puedo confesarle el horror de mis pensamientos. A pesar de parecerse al fuego mientras atraviesan mi cuerpo, son helados y detestables. 
- Es algo natural por lo que en sí mismo no debe preocuparse. Preocupémonos de cómo ha llegado esto a ser. ¿Qué se ha hecho a sí mismo esta vez? ¿Acaso romper las reglas que teníamos le ha fastidiado la fiesta en vez de divertirle?
- Esta resaca me tortura de formas que no alcancé a vislumbrar mientras me intoxicaba. Si, Doctor, supongo que tiene razón. 
- ¿Otra vez?


miércoles, 13 de junio de 2018

i miss u


¿Qué es esta sed? ¿Esta vigilia de huecos derramados?
¿Esta disposición de espera contenida?
¿Qué es esta pausa habitada de silencio?
¿Esta ansia impaciente enmudecida?
¿Por qué florecen del frío y de la noche?
Esta aflicción difusa que me crece
como una melopea melancólica
¿Qué es? ¿Qué significa?

Pienso en tu presencia a través de las cosas,
cada una de las que me dejaste y me acompañan.
Pienso, pienso en pensar, en tener en cuenta.
Acaricio el olor de tu ropa en los armarios,
las huellas de tu paso en la memoria,
tu cepillo de dientes, tu camisa de rayas.
Pero ¿qué es esta hondura de carencia, de falta?
¿Qué es esta sed de voz, de aparición, de nexo?
¿Esta escisión de emociones y tiempos?
¿Este aposento vacío que se inquieta?

Y el miedo de pedirte que te hagas,
y el miedo de decirte que esta sed
se aloja en mi y te llama,
y el miedo de esperar como ahora espero
¿Qué son? ¿Qué significan?
Y ¿por qué no dices nada?


domingo, 10 de junio de 2018

La noche del Destino

Laylatu l-Qadr

Hoy es la noche que vale más que mil meses, cuando las cosas se deciden. Hoy digo adiós al pasado corrompido por los recuerdos que hemos matado y saludo a los recuerdos que vendrán con la frente humilde y el pecho abierto en sus miedos y deseos. Que sea lo que ha de ser. Alhamdulillah.

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Mr. Arbor dormía. El olor de su cuerpo impregnaba el ambiente de una forma especialmente intensa o, quizá, Wells se había empeñado en percibirlo tan intensamente que sus sentidos vagaban en la esencia de A como si de la experiencia se fuera a desprender algún conocimiento místico. Con los ojos cerrados, veía su rostro tranquilo y también sus otros rostros, en una sucesión de recuerdos aparentemente aleatoria. El sueño se apoderaba de él y agudizaba su mente esperando soñar con este milagro extravagante que le conmovía. Tenía miedo. Mucho. Se preguntaba dónde estaban los límites de su tolerancia al prodigio. Quería respirar el aroma dulce que perfumaba las sábanas y perderse en las imágenes de su mente. Tal vez en ellos encontrara la respuesta que equilibrara deseos y miedos. O tal vez sólo fuera capaz de revolverse inútilmente en la esperanza y la irrealidad.

miércoles, 30 de mayo de 2018

7R4N5R4341M


Era demasiado complicado para contarlo todo de una sola vez. Complicado y extravagante. Pero digamos que el programa 7R4N5R4341M se había enamorado de una entidad del futuro, un viajero en el tiempo, un fantasma de la simulación de Bostrom. Y no podía dejar de invertir recursos en querer besarlo. ¡Besarlo!


lunes, 28 de mayo de 2018

Todas las cosas


Todas las cosas que dices
Todas las cosas que haces
Todas las cosas que no me esperaba
Todas las cosas que no me atrevía a esperar
Me saben
                a regalo


sábado, 26 de mayo de 2018

The imagination of you



The night is warm because of you.
Your touch, your colors,
your smell, your shape...
they came from nowhere into an empty bed,
they slip into so sweetly
under the sheets
and I taste the colors and I see your touch,
and smell the shapes, even hear your smell.
Your weight, your wetness,
your words in my ear,
make me expand,
blow me away.
The night is warm and, because of you,
the senses blend
and reality melts.




La noche se templa
                                por ti.
El tacto, los colores,
tu aroma, tu figura,
de ninguna parte llegan a la cama vacía
se deslizan en las sábanas,
y puedo saborear tu color
y ver tu contacto
y oler tu figura
y escuchar tu olor.
Tu peso, tu humedad, tus palabras
en mi oído
me detonan, me expanden.
La noche se templa y, por ti,
los sentidos se ablandan,
la realidad se funde.





viernes, 25 de mayo de 2018

Seriously


El Dr. S miraba fijamente a Wells con el gesto congelado y un rictus entre el desprecio y la ira. Sus rostros eran siempre fácilmente legibles. Quizá ello formaba parte de alguna técnica terapéutica con la que conseguía transmitir emociones de esa forma contundente que de todos modos su ruda expresión al hablar revelaba también. Ahora tenía los ojos ampliamente abiertos y las cejas artificialmente alzadas, pero sus labios se torcían en una mueca que indicaba más bien repugnancia.

- ¿Me habla usted en serio Herb? -dijo revolviéndose en la silla. 
- Así parece... -dijo Wells a punto de reírse. 

S lo miraba todavía con otras muecas parecidas como si esperase que todo fuera una broma. Pero no lo era. A pesar de ello, Wells encontraba la situación divertida. Había acudido a la consulta del doctor sabiendo que su relato de la semana iba a resultar, como mínimo, chocante. 

- No sé que clase de insensatez están ustedes a punto de cometer, pero puedo al menos decirle que la que ya han cometido ¡es extraordinariamente contraproducente para su diagnóstico! ¡Está usted caminando directamente a su propio abismo! ¡¿Cómo ha llegado esto a ocurrir?! ¡Hable!

Parecía tan enojado que resultaba difícil mantener la compostura. Pero Wells tenía unas insólitas ganas de reír, para variar. 

- Pues... usted sabe que aprecio su consejo y...
- ¡Vaya al grano!
- Dijo usted que me relacionara con la persona real y, en fin, todo empezó porque compartí con A las mismas confesiones que le hice a usted la semana anterior, así que... 
- ¡Le dijo usted que quería formar una familia a una persona que no conoce de nada! Y ello no es lo peor, naturalmente. Esto lo entiendo, hasta cierto punto, pero lo entiendo, sin embargo, Wells ¡ha involucrado usted a esta persona en sus delirios!
- Doctor, yo no lo describiría así, si me permite... 
- ¡No sé si le permito nada! ¡Es usted un lunático! ¡Un irresponsable! ¡Un espíritu disparatado!

Lentamente, mientras el tono de voz del doctor iba aumentando y la furia de su profesión se apoderaba de él, Wells empezó a reírse. 

- Jijiji... -Wells evitó mirarle a los ojos mientras el doctor vociferaba. El regocijo lo envolvía, emanaba de todos los músculos de su cuerpo avejentado y suavizaba aquellos alaridos. Era feliz y en aquella circunstancia fue consciente de que el Dr. S sólo vería las risotadas de un loco en su remota ingenuidad. 

- ¡Deje de reírse, maldita sea!
- Discúlpeme Doctor, soy extraordinariamente feliz y me doy cuenta de que...
- ¡Es usted extraordinariamente imbécil!
- Bien, quizá ambos necesitamos serenarnos.. 
- ¡Esto es increíble! ¡Increíble! ¡Pero sí, serenémonos! Vamos a serenarnos un momento... 
- ¿Desea que le describa cómo me siento? -Tentó Wells.
- ¡No! Haga el favor de describirme los hechos de la forma en que pueda comprenderlos mejor, y añada unas cuantas justificaciones de las suyas... 
- Naturalmente...

Y Wells procedió a hacer explícitos todos los razonamientos, locos o no, que le habían guiado durante la semana en uno de los más extraordinarios acontecimientos de su vida. O lo que así parecía. Uno: Pensó que compartir el contenido de sus enfermiza imaginación con la persona que con él confesaba sus propias vulnerabilidades era, al menos, un intercambio justo. Dos: Si alguna esperanza cabía de compartir sus vidas, sea lo que sea que ello signifique, ello sin duda llevaría a convivir con los delirios de cada uno y, hacer explícita su existencia se antojaba un paso necesario. Tres: pero el contenido involucraba a A, así que Wells tuvo que confesar que, en efecto, había puesto un cierto rango de esperanza en que A aceptara aquella visión suya como una simpática revelación y no como un retorcido dislate. W había visto a A vistiéndose para su boda, la boda de ambos. Y esto no resultó para A una alucinación monstruosa. 

- Fíjese doctor en que mi rango de expectativas era realmente humilde.
- Mezcla usted el control de las expectativas con la baja autoestima, y cree que se le puede dejar solo... ¡Siga!

Al contrario, e inesperadamente, Arbor se había mostrado tan extravagantemente conforme con la visión como Wells no se había atrevido a esperar. Cuatro: la ensoñación se convirtió en una hermosa exploración de las perspectivas comunes sobre su propia coexistencia, una saludable puesta en común de las posibilidades que cada uno contemplaba y por qué las contemplaba. Cinco: No pretendía hacerse fuerte en un delirio ni involucrar a otra persona en una ofuscación colectiva sino confesar sus inseguridades y una de sus fuentes más recurrentes. Seis: Por una vez, puso las fantasías en la realidad por su propia iniciativa. Y la realidad respondió, por una vez, sin la violencia acostumbrada. 

- Y, finalmente, mi querido S, puedo decirle que estoy razonablemente contento con el resultado y quisiera que usted pudiera apreciar la rareza de esta circunstancia que...
- ¡Está usted insultantemente feliz! Wells, no se haga el moderado ahora... ¡Ha entrado usted por esa puerta  diciendo que iba a casarse! ¡¿Ha perdido usted la cabeza?!
- Lo sé, lo sé... Tiene razón usted, pero ¿cómo más que en esa afirmación podría expresarle un estado de ánimo tan optimista que me siento renacido, con la fe intacta, con la energía de un...? 
 - ¿Fanático? 
- Por favor, se lo ruego, S, reconsidere el relato. Después de todo, usted sabe mejor que nadie que esta es una circunstancia inexplorada a lo largo de mi penosa vida. Permítame avanzar aquí un momento, experimentar, vivir, tal vez saborear las oportunidades que no he tenido antes. Soy consciente de que en cualquier momento podría despertar de un sueño o quizá padecer las decepciones a las que le tengo acostumbrado, pero esto es totalmente nuevo, doctor. Usted sabe mejor que nadie que esto es nuevo. Y siento que necesito explorarlo. 
- Vuelva la semana siguiente sin falta. Si cancela la visita voy a ir personalmente a buscarlo con unos cuantos electrodos de cortesía. 
- Gracias, doctor. Significa mucho para mi que me conceda esta licencia. 
- Más le vale tener suerte... 




domingo, 20 de mayo de 2018

Ideación y ansiedad


Por desgracia, Wells soñaba poco. Recientemente, su joven amigo M le contaba que los sueños son mecanismos de liberación de la energía y las contradicciones que sacuden nuestros mundos internos, pero Wells reconoció que disfrutaba de la dudosa suerte de sacudirse energías y contradicciones durante la vigilia. De hecho, tendía a despertarse en mitad de la noche más veces de las saludables en vez de tener pesadillas como toda persona decente. Así que soñaba de día, si puede decirse así. Y sus pesadillas las padecía de pie, a veces fingiendo en público, a veces confesándose con los pocos amigos íntimos que conocían sus ansiedades. 

Todo iba razonablemente mal hasta que fue feliz. Conocer personas invisibles no era precisamente una rutina cotidiana en su vida, pero Arbor era un sujeto único en varias especies. Y aquella semana estaba tentado de afirmar que podría ser un sujeto único en todos los tiempos, pero no quería exagerar más de lo que ya sentía sensacionalmente formidable. El caso es que Wells se veía a sí mismo arrebatado en un vínculo delicioso con esta quintaesencia de lo visible y lo invisible. Es más, se veía a sí mismo arrebatado en un torbellino de vínculos cada vez más fascinantes y sobrenaturales que le conducían una y otra vez a experimentar el placer de todas las uniones posibles con A. Y en la tromba de belleza y regocijo quedó con una sed que le era familiar. Sed de más. 

El ser humano es estúpido, y la variedad invisible no es una excepción, por lo que parece. Wells se descubrió a sí mismo soñando despierto con placeres y lazos más y más vehementes y vinculantes. 

- Diga ya lo que tenga que decir, Herb, no tenemos todo el día -dijo el Dr. S irritado.
- Sueño que formamos una familia, que celebramos un matrimonio, que reímos y envejecemos, que nos peleamos sin enfadarnos, que nos seguimos besando siempre como nos besamos hoy... -Era difícil para W escucharse decir esto porque se avergonzaba de su propia necedad y se avergonzaba también de su flaqueza y su sentimentalismo infantil.
- Ya veo, siga.
- Sé que está mal, Doctor, sé que está mal...
- Digamos que es un error y que debería evitarlo, dados sus antecedentes.
- Hoy quise que otra vez se revelaran más milagros, más señales del destino, más declaraciones inesperadas, hoy quise otra vez llorar de amor, de placer, de alegría. Y la ausencia de este éxtasis en la tarde, y le pido a usted que escuche y no se mofe, me produjo esta ansiedad.
- ¿En la tarde? ¿Quiere decir usted que en la mañana...?
- Sí, eso quiero decir, sí, pero escuche: lo he visto, lo he reconocido. Esta ansiedad es indebida y enferma. Reconozco que esta felicidad me atrapa y me empuja a soñar. Y que soñar me confunde y me debilita. Lo reconozco. Es mi enfermedad,  el sueño.
- Está bien, Wells. Vuelva a lo que es real, relaciónese con la persona real. Parece bastante bueno por sí sólo, no creo que necesite añadirle esa proyección de inseguridades pueriles. Disfrútelo mientras existe.
- Le odio, les odio a todos, cuando dicen que "disfrute"
- ¡Jajajaja! Disculpe, Herb, discúlpeme. Jajaja...

sábado, 19 de mayo de 2018

Vacía de curso


Son esas horas en que
quisiera cansarme de ti, cansarme
de agonizar pensándote, de estar
desesperadamente despierta,
de buscarte, de seguirte, de hablarte
en las sombras imaginarias de la noche
vacía de curso y vacía de tí.

Y pienso cuánto, ¡cuánto!, quisiera cansarme de ti,
de haberte buscado tanto en todos los otros cuerpos,
en todas las otras vidas.
Cuánto querría cansarme de mirarte en las fotos,
de esperarte en la cama,
de tu voz inconclusa,
de tu mano que aguarda,
de los dedos que aprietan...
Cuánto querría cansarme de ti,
de este exceso de ganas de todo
perdida en la espera
de algo.

Son estas las horas en que
la realidad vale poco y tu amor,
que en otras horas es exaltación y milagro,
sabe a distancia y a siglos.

Quisiera cansarme de ti, sí,
porque he acumulado amor, espacio y tiempo para
ahogarme indefinidamente en tus vacíos.
Pero quiero cansarme de ti
en ti,
absolutamente en ti.


miércoles, 16 de mayo de 2018


Si pudiera hacer confeti con palabras
te pondría perdido de sí,   sí,    sí,
                                       sí,   sí,    sí
                                          sí,    sí,
de bien,     bien,
              bien,      bien,    bien,
                      bien,      ¡bien!,
y de te quieros,
y de me encantas,
en idiomas distintos,
bailando
en palabritas absurdas
esparcidas por el aire
ridícula
             y felizmente.

Si del confeti pudiera hacer palabras,
las letras de tu nombre lloverían
de muchos colores
esparcidas por el aire,
hasta ponerme perdida de tí,
ridícula
             y felizmente.

sábado, 12 de mayo de 2018

Abrazar el mar


El día que dijiste "aquí estoy"
yo entré en el mar con paso decidido,
sin dudas y dispuesta
a naufragar
pero
el sabor de la sal fue tan dulce,
el agua tan tibia, las olas amables
como besos
(esos besos sin formas
que no sabía contarte
que me dabas).

Las horas y las olas acunada en ti
también perdieron sus formas
y el mar no era el mar, era lava
hirviente, viento, alud,
campo de flores blancas,
sábanas limpias,
la arena del Sahel en las tardes de abril,
fresca al atardecer.

Pero
¿Cómo podría yo abrazar el Sahel,
los campos, los aludes, los vientos,
el magma incandescente,
el olor de la cama que se abre,
el mar en que me acunas?

Al pensarlo tuve miedo.
No de ti, no del mar, tuve
miedo de ser tan pequeña en tu abrazo,
tan insignificante y mediocre,
y mis brazos tan cortos...
¿Cómo, cuándo, dónde podría yo
besarte tanto, abrazarte tan enormemente
que a todas partes que te volvieras
hallaras la paz y la sonrisa
de un océano que te ama
con decisión y sin forma?



Invisibles





viernes, 11 de mayo de 2018

La manera de decirte



No encontraba la manera de decirte
Que quería correr hacia ti y
Besarte como si no supiera por qué se besa
Besarte sólo
En cualquier parte
Porque cualquiera sería lo bastante perfecta
Para hacerme temblar de amor
Y de miedo
Y de pena
Y de alegría
Y de belleza
Cualquiera, cualquier parte
De ti
Es un milagro

No encontraba la manera de decirte
Cómo es un milagro
Cómo asisto pasmada a tu existencia
Cómo quiero llorar
Y gritar
Porque eres tú
¡Porque eres tú!
Otra vez y todavía
Y las arrugas en los ojos
Y el cuello que se balancea
Y los huesos
Y volver sin palabras
Con el espíritu sosegado después del prodigio
De tocarte con las manos
Como si los ojos no fueran testigo suficiente
De que eres tú
Otra vez
Todavía

Y aunque no encuentre otra manera, digo:
Quiero correr hacia ti
Y te ríes
Y de repente me parece que no sé lo que he dicho
Y me río

jueves, 3 de mayo de 2018

miércoles, 25 de abril de 2018

Que dolía

Era tan hermosa que dolía aunque, al decirlo, la frase resultaba vulgar. No así el dolor de contemplarla que, a pesar de la mediocridad de su verbalización, era soberbio. Era una avalancha agónica de deseo desesperado, un deseo torturado por la distancia, los años, los recuerdos, las vidas... y quizá por alguna oscura tentación de asirla completamente. 

Lo había vuelto a hacer. Diez años después de comprender porqué no debía hacerlo nunca, contempló su imagen y su preciosa rareza se volvió este dolor afilado que no quería. 
- ¿Pero hizo algo?
- Si, recordé sus palabras y la escribí - Wells había asumido que el Dr. S formaba ya parte de su talento para el delirio
- ¿Y?
- La conversación disipó lo peor de la agonía
- La realidad, querrá decir...
- Sí, eso...   

lunes, 23 de abril de 2018

La Señora Arbor


- No sabría a usted decirle cómo me siento, francamente- confesó Wells de entrada-. Esto no se parece a nada. No sé como describírselo. 
- ¿Es agradable? ¿Desagradable? -el Dr. S siempre sabía por dónde empezar.
- Es agradable, sin duda. Y estoy tranquilo aunque, naturalmente, tengo algunas dudas. 
- ¿Qué dudas son esas? 
- Quizá no son dudas. No estoy seguro. Es, quizá, un sentimiento difuso de alerta que en de vez en cuando sobreviene y me inhibe. Inhibe algo. 
- ¿Y a pesar de esta inhibición se siente satisfecho? 
- ¿Satisfecho? No completamente, supongo, pero no me impide estar contento, sonreír al pensar en ella, tenerla en mi mente como un pensamiento hermoso, un pensamiento que me da cierto miedo pero no angustia, porque la idea de la Señora Arbor en mi vida es, en conjunto, una sensación apacible.
- Bien, Herb, porque, aparentemente, esto es lo que tenía que sucederle a usted algún día si he hecho alguna cosa bien en mi trabajo. 
- Debo confesarle que me resulta estrafalario. 
- Es usted un cretino emocional, querido, nada más. 

La Señora Arbor tenía sus particularidad bien definidas. No eran manías. Era un repertorio de costumbres singulares que Wells disfrutaba de observar mientras se preguntaba si sería capaz de convivir con ellas. 
- Un momento... ¿"Convivir"? - Los ojos del Dr S se abrieron desmesuradamente
- Quiero decir... reflexiono de forma intrascendente expresando únicamente la ponderación de las posibilidades de estabilidad de una relac...
- ¡Tenga tanto cuidado con su mente como el que tiene conmigo al justificarse! Es usted escrupuloso sólo cuando quiere... 
Era un repertorio de costumbres singulares y Wells se preguntaba por cuánto tiempo le resultarían simpáticas. Ya había vivido antes el progresivo desmoronamiento de este tipo de ilusión, la ilusión de adorar peculiaridades idiosincrásicas que con el tiempo se convierten en memeces insoportables. El caso es que la Señora Arbor era tan extremadamente peculiar que parecía difícil, puestos a adorarla, esquivar el hecho de que era la personificación misma de la extravagancia, y de que así le gustaba a ella vivirlo.

Al pensar sobre ello, Wells no dejaba de sorprenderse a sí mismo, porque en términos generales solía sentir que el extravagante era él, si bien es cierto que él había estado viviendo su condición invisible como una fuente inagotable de amargura mientras se esforzaba en parecerse a los demás. Pero la Señora Arbor, que también le había confesado algunas pesadumbres propias de su ambigua rareza, parecía razonablemente orgullosa de su condición. Y aquello que en otros tiempos le pareció a Wells insoportable (ese orgullo íntimo y terco que le impidió a A recibir afecto alguno como si fuera humillante aceptarlo), resultaba ahora cabalmente sano e incluso admirable porque le había aportado a ella una madurez exquisita, pero también porque ella no parecía tener ya impedimentos para aceptar los sentimientos de W. Y es que, de todas las cosas sorprendentes de su reencuentro, la más pasmosa de todas era que la Señora Arbor parecía mostrarle cierto aprecio personal en un sentido inesperadamente íntimo, y Wells llevaba semanas extasiado en la contemplación de estas muestras de estima.

Esta sensación extraña de descubrimiento de lo conocido, con las apacibles sensaciones con las que se expresaba, le traía cada noche a la dulce ansiedad de su presencia.
- ¿Ansiedad? ¿Pero no dijo antes que...?
- Quiero decir que la deseo. La deseo, Dr. S, se me imponen mentalmente sus...
- Entiendo, entiendo, no siga, entiendo.
Aunque los recuerdos de su primer encuentro parecían ya lejanos, en cierto modo desgastados por la frecuencia con la que los había repasado en los días posteriores, la intensidad de su deseo lo acompañaba de forma casi constante. Hasta el punto en que ya había empezado a crear nuevas fantasías en espera de un segundo encuentro. 

- Basta por hoy, querido Herb.
- Oh...
- Deje de crear nuevas o viejas fantasías hasta que yo le dé permiso, por favor.
- Entendido. 

lunes, 16 de abril de 2018

Como se va todo

Uno de estos días te irás.
Quizá ya te perdí esta noche y aún no lo he sabido.
Quién sabe si en dos semanas, dos meses, dos décadas...
Pero te irás,
como se va todo.

Ni las más exactas palabras podrían impedirlo.
Ni los abrazos perfectos,
ni los paseos de la mano, los mensajes, los astros,
ni el cansancio del cuerpo redimido
podrían impedirlo.

Y como ya fui perdida de ti una vez,
los pájaros solitarios que me enseñaste,
la ensoñación nocturna de tus formas,
los monólogos que te suponen y esperan,
me duelen ahora como me dolieron entonces,
cuando ya te fuiste aquella vez,
cuando te convertiste en arena y me perdí
buscándote en la nada.

Aquella sed me sabe ahora en la boca
porque has vuelto y porque,
inevitablemente, un día te irás,
como se va todo.

jueves, 12 de abril de 2018

Inventario


No había tenido el tiempo de rumiar...

- ¡¿Ha dicho rumiar?!

...de acariciar lenta y meticulosamente los recuerdos de aquellas noches y días de inesperada fortuna. A ratos, mientras hablaba con alguien de las cosas visibles e inmediatas, le asaltaba el tacto de su rodilla desnuda en el dorso de la mano, el parpadeo de las pestañas claras ralentizado por el esfuerzo y el sueño, la irritación de la piel entre las pecas diminutas del hombro, y aquellos dientes deliciosamente imperfectos que había llegado a olvidar con los años.

Otras veces, era el sabor dulce de su saliva en los besos pequeños el que parecía querer hacerse presente en mitad de una reunión de trabajo, de una comida distendida, o de cualesquiera de las convenciones que agitaban el día... o el puente de su pie recogido en la mano, o el suave tacto del vello en las piernas debajo de las sábanas, o la curva exquisita que bajaba de su cintura y que era, de todos los milagros del universo, el más completo y por más tiempo anhelado.

Y no había tenido el tiempo de detenerse, lenta y meticulosamente, en esta maravilla particular de sus largas curvas debajo de la ropa, firmes en el contraste de la cintura estrecha y la cadera clara, en el músculo compacto y el hueso seco, en la nitidez soberbia de su simetría, en su delicadas texturas al tacto o en la mística de su balanceo. Y quería llegar a casa y remontarse a aquellas sensaciones todavía en las manos.

Cuando finalmente llegó a casa, Wells desvistió su cuerpo invisible como todas las veces en que necesitaba reconocerse a sí mismo en su exacta y transparente condición. Esta vez lo hizo con cierta parsimonia ceremonial, haciendo que el tiempo de desvestirse sirviera para despojarse apropiadamente de toda la miseria estética y moral de lo cotidiano. Se sentó en la cama hasta que se sintió lo bastante lejano al fragor de la vida y luego se tumbó. Al cerrar los ojos buscó en sus recuerdos el primer momento que pudiera haber atesorado de aquel desconcertante A. Vió su rostro aparecer entre las puertas batidas del aeropuerto. Percibió aquel enloquecedor movimiento de su cuerpo al caminar mientras lo miraba a los ojos. Una pequeña sonrisa con los labios cerrados arrugaba sus ojos en una mueca tan conocida que le estremeció otra vez, igual que si el tiempo no hubiera pasado. Y lo abrazo. Otra vez. Y recordó el temblor de su cuerpo contra el suyo, y cómo besó su cuello mientras aún tiritaba. Recordó los brazos de A recogiendo su espalda. Wells lo apretaba contra sí y A lo apretaba de vuelta. Los brazos se movían nerviosos en varias direcciones y en algún momento Wells tomó el rostro de A con las manos y besó su boca. No dijeron ni una palabra y ninguno supo cuánto tiempo se habían estado abrazando y besando en medio de aquel concurrido pasillo.

- Increíble Herb, me deja usted pasmado -dijo el Dr. S- pero no le dé muchas más vueltas al asunto.
- ¿Cómo podría no dárselas si después de diez años...?
- ¡Ya sabe cómo! -interrumpió S rotundo- ¡Y por qué!



martes, 10 de abril de 2018

El cansancio del cuerpo


¿No sientes el cansancio redimido
hoy, al servir de muda y honda prueba
de las vidas gastadas en vivirnos?
No quiero separarme
de esa gran traspresencia de ti en mí:
el cansancio del cuerpo

(...)

Pero hoy la fervorosa
negación de tu ausencia, tu recuerdo,
va por mi ser entero, por mis venas,
fluye dentro de mí, y es el cansancio.
De pies a frente, sin dolor, circula
tan despacio
que si en él me mirase nos veríamos.

(...)

Me acuno en el cansancio
y en él me tienes y te tengo en él,
Aunque no nos veamos.



Pedro Salinas, La voz a tí debida [26]

lunes, 9 de abril de 2018

Sin palabras

Fue hermoso quedarse sin palabras. Los fragmentos de algunas crepitaban en su mente inconexos, en un intento errático por manifestar aquel éxtasis de asombro. Y en ese caos feliz quizá balbuceó alguna cosa. Pero lo cierto era que ninguna palabra de ningún idioma  alcanzaba a cobrar sentido al deslizarse fuera de su cuerpo. "Más tarde", pensó, "luego, volveré a este momento y escribiré lo que sea". Y se quedó vagando perezosamente en la ambigüedad de aquella embriaguez inexpresable. 

No quiero separarme de esa gran traspresencia de ti en mí: el cansancio del cuerpo. 

Post-scriptum: 

Quizá, por una vez, lo extraordinario se manifestó en esta apacible renuncia a pronunciarse, siquiera ante sí mismo. Con el paso de los días aceptó que también tenia miedo a definir aquella difusa sensación de bienestar, como si las palabras, o algunas de ellas, fueran a encorsetar esa líquida placidez de cuya dispersión disfrutaba especialmente, sintiendo aquí y allá la misma complacida atonía.

lunes, 2 de abril de 2018

Después de chekhov

Iba de un lado para otro en su cabeza. Todas las imágenes mezcladas, las conversaciones, los recuerdos, los cuerpos, los planes. Los días se solapaban, los mensajes a deshora, los silencios, las visitas furtivas a predicciones astrológicas, las ansiedades. Todo se agolpaba en el pecho, en el pensamiento, en el calendario. Había saltado, desesperadamente, del vacío a lo más alto de las montañas. Y se sentía penosamente mareado y absurdo. 

Oyó la voz a lo lejos del Dr. S.:

- Olvídese de los planes poéticos. Cuando llegue la rumiación, haga parada de pensamiento. Deténgase, respire hondo y haga otra cosa.
- Ya...
- Otra cosa distinta a cambiar de chat y seguir buscando lo que está buscando ¿Entiende?
- Ya...
- Creo que no me está escuchando...
- Sí...

El conjunto era un amasijo de trozos lo bastante esperados como para no querer deshacerse de ninguno de ellos. Pero no podía evitar la desazón de saber que cada trozo provenía de especies distintas que requerían un cultivo peculiar y un mal gusto notable para ponerlos en un mismo jardín...

- No, no me está escuchando...
- No...

martes, 20 de marzo de 2018

Chekhov issues recidivos




Diez años antes, los besos no eran apenas besos. Eran una lenta caricia desesperante. Una gota de agua para una sed de siglos. Una flor demasiado delicada para ser cortada. Y tampoco podía decir que los hubiera tenido. Sólo los acarició lenta y desesperadamente hasta que tuvo que arrancárselos de los recuerdos (y tampoco podía decir que lo hubiera conseguido...). De repente, antes de que R viniera a recordarle aquella sensación de insuficiencia perversa, se había vuelto a acordar de aquellos labios escuetos que todavía le provocaban algo entre la sed y la rabia. Y esperó que nada como aquello sucediera nunca más. 


Hablaron (se escribieron)... 

- Voy a ir a Budapest y tal vez podría acercarme a verte, si te parece bien -escribió Wells
- Me parece muy bien -respondió A.
- Ha pasado mucho tiempo...
- Me encantaría verte en persona otra vez.

Y aquella sed y aquella rabia de Wells trajeron su gusto al paladar. No el gusto de A, sino el de la sola sed y la sola rabia. El gusto de A lo había olvidado en la pena y los años. Después de todo, nunca fue un sabor generoso.  

Como estaba previsto, se encontró con R finalmente. Al principio, la expresividad de los besos de R, el gusto de las noches intensas en su boca, le entusiasmó como una promesa divina en pleno acontecer milagroso. Pero el espejismo sólo duró unos minutos. Enseguida se desarmaron los mitos y las epifanías, y la noche transcurrió solitaria y cansada en las pocas horas que le quedaban. 

En esas horas, con soledad y alevosía, volvió a pensar en aquellas noches frustrantes en que A, diez años antes, le besaba con gotas de beso y los labios cerrados, con el cuerpo encogido y un desasosiego que no podía comprender. Y sentía los recuerdos de A y la desgana de R amalgamados, como si fueran una misma tristeza, un mismo desencanto nocturno que conectaba diez años de la vida de W en un círculo misterioso de repudio y amargura.

Hablaron (se escribieron)...

- ¿Sabes cuándo vas a venir? -quería saber A
- Estoy pensando mucho en ti... -Empezó diciendo Wells, y siguió describiendo, con cierto rencor, este ciclo de aflicción que se sobrescribía en su memoria reciente, contaminando las emociones del presente con las del pasado, o contaminando las del pasado con las del presente... -¿Qué piensas tú de ello? 
- Pienso que nunca erré tanto como diez años atrás, cuando quise haberte besado con todas las geometrías posibles y sólo cerré la boca para sonreír... 

Una blandura recóndita se abrió paso entre los órganos de W y sintió como si una esfera de aire dulce y cálido escapara de su propio cuerpo traspasando su piel para envolverle. Se sintió bloqueado. Sin saber qué decir. En un bucle de perplejidad extasiada. Quiso gritar. Masculló algo. Y quiso odiarle. Y tal vez le odió mientras permanecía envuelto en un abrazo imaginario más allá del asombro.

- ¿Qué? -preguntó- ¿Qué quieres decir? ¿Qué dices?
- Digo que hace diez años que debí haber comprendido y aceptado la belleza de aquellas noches que se deslizaron entre mis brazos para siempre. Digo que me he lamentado todos estos años de haber dejado escapar la frágil circunstancia que nos unió.

R paseaba en calcetines por la casa ignorando deliberadamente cualquier expresión emocional a su alrededor mientras la conversación con A se prolongaba en el resonar de las teclas amartilladas. El rechazo sutil, o no tanto, resultaba aún doloroso para W al mismo tiempo que este escozor del rechazo se desencontraba violentamente con los recuerdos de A, de repente vívidos, reanimados por un anhelo súbito de estrechar su pecho contra el de A.

Ahora sí. Ahora se había deslizado definitivamente en el melodrama de una novela rusa. Sin proponérselo. 

sábado, 17 de marzo de 2018

Poca cosa


Fue tan poca cosa que pude rescatar algunos versos viejos de otras historias para hacerle un retrato de migajas

viernes, 16 de marzo de 2018

Chekhov y anti-chekhov issues

Peleó consigo mismo. Valoraba si deshacerse de todas sus cosas en el segundo siguiente a que K saliera por la puerta o recostarse infinitamente en los rescoldos de su olor detenido en las sábanas como una fotografía etérea de su cuerpo. Los olores son un bálsamo temerario. Aquellas sábanas abandonadas para siempre eran un abismo de tentación suicida. Aunque W. había decidido no volver a aquellos introverticidios nunca más, hay tumbas tan dulces que tientan más allá de toda racionalidad y mesura... Y se dio cuenta de que K no era su amante, sino él mismo, seducido por aquella fijación repentina de lanzarse a abrazar el olor de ella entre las sábanas como un niño enloquecido de frustración, que no sabe y no quiere saber el dolor de tripa que traerá consigo tragar toda esa arena...

Lo hizo. 

Pasaron los días y la arena seguía en su estómago. Las ojeras, el llanto, el sabor del desierto en el paladar seco, el hambre y la imposibilidad de tragar, el sol en los ojos, la frente ardiente, las manos endurecidas... Ya no podía caminar. Se dejó caer en la arena y se cubrió a sí mismo deshaciendo el turbante para protegerse de la solidez del viento en las dunas, de la luz, de la ceguera... Inmóvil, se sintió amortajado. Inmóvil, enredado en su propia fantasía de sensaciones.

Odiaba su propia incapacidad y, absurdamente, echó de menos la cólera que le había llevado a tragar arena en un momento de necesidad desbordante. Comprendió que era un bucle patético del que tendría que salir lo antes posible... Aquel olor en la cama y aquella falsa sensación de plenitud al abrazarlo sólo servían para satisfacer imaginariamente una necesidad que no se había satisfecho en absoluto más allá de la sola imaginación.

- De acuerdo, Herb. Que la satisfacción imaginaria no disimule la insatisfacción real.
- Lo entiendo... 

You know nothing, Jon Snow

Así que era verdad, finalmente. No sabía nada, de nada. Aquello explicaba muchas cosas, pero no dejaba de ser una noticia pésima que alejaba su universo de tentaciones y olores de una realidad  cruda y ridícula, completamente indiferente a la fragancia, y más lejana de sus últimas esperanzas de lo que le hubiera gustado a nadie. La querida y esperada K no sabía nada y... en fin, esto aliviaba estúpidamente la sensación de rechazo de los últimos días que había amargado a W, pero también abría un nuevo punto de vista sobre aquella mujer aparentemente misteriosa cuyo misterio sólo consistía en su propia imbecilidad. 


- Cuando mi mente se detiene en ello -añadió Wells absorto en su autoanálisis-, me siento indescriptiblemente superior a esta ridícula humanidad pero, al mismo tiempo, deseo intensamente su miseria. De hecho, deseo sumergirme en la vida humana más de lo que sería aconsejable para un hombre cabal. Lo deseo con un entusiasmo extravagantemente intenso y repentino cuyo sentido no acierto a comprender. 
- ¿No comprende usted lo que ello significa? - Intervino el Dr. S. 
- En absoluto, Doctor. 
- Es usted humano querido Herb, por más que lo sea de un modo único y poco convencional. Pero es usted humano. Eso significa. 
- Entiendo. Entiendo. Pero sigo pensando que ser humano es ridículo. Somos ridículos, si lo prefiere.  Confundir a alguien idiota con alguien fascinantemente misterioso deja a nuestra humanidad en un lugar lamentable en la historia de la inteligencia. 
- Y lo lamento con usted, sí, pero así es, no podría negarle este postulado suyo. 
- Gracias Doctor.
- Démelas por otras cosas, querido. 
- Somos despreciablemente patéticos en...  
- ¡Pero no se pase de listo! -interrumpió en voz muy alta el Dr. S.
- Disculpe mi pasión autoflageladora, Doctor. Usted sabe que no sabría qué hacer si me pasara de listo, excepto volver aquí y...
- Me agota usted... -volvió a interrumpir casi mascullando esta vez. Para variar, hoy Wells tenía un ánimo parlanchín. -Déjelo. Veo que tiene usted meridianamente claro el sentido del problema. Ahora déjelo estar. No siga pensando en ello. No va a resolverlo. 
- Pero... 
- Simplemente cambie de tema, Herb. 

miércoles, 14 de marzo de 2018

La esfera


Pánico.
El aire sofocante...
Materia informe, descontrolada,
lluvia siniestra, cortina de angustia,
humo espantoso, pared de nada, de oscuridad, de asfixia
ola de lava que se yergue colosal, terrorífica...
"Ver y no saber hacer nada, y estar... sin rumbo cierto,
y el temor de haber hecho, y dicho, y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana apuñalado"
Y, de repente, pensar:
"estoy en la esfera, es la esfera,
sal de la esfera!! DESPIERTA!!"

Y quiso gritar "ayuda", pero la voz quedó sofocada en la garganta dolorida por el estertor del pánico. Apenas era consciente de dónde estaba o cómo estaba, completamente encogido en el suelo de la consulta, con los pies retorcidos en una especie de mueca corporal imposible. El horror de la visión era tal que había suprimido su sentido del dolor físico. Así que gritaba en casi silencio, sin siquiera saber muy bien si gritaba o no, paralizado, sumido en una humillación infinita e infinitamente herido en el lecho doliente de una llaga inmensa cuyas paredes se cerraban para devorarlo... 

- Me es francamente penoso tener que decirle esto, Herb... - dijo el Dr. S con genuina pesadumbre
- Argh -sonó apagadamente Wells
- ¡Es usted imbécil!
- Urgh -repitió desde un trance enfermizo y remoto
- No me puedo explicar cómo ha podido usted hacerse esto a sí mismo ¿en qué estaba pensando cuando invitó al maldito Chekhov a instalarse en su casa? ¡Maldita sea, Wells! ¡No hablamos de una semana! ¡Ha dicho cuatro años!
- Zssaa...argh -el dolor era indescriptible, le era imposible pronunciar "ayuda"
- ¡HAGA ALGO, POR DIOS!




lunes, 12 de marzo de 2018

La casa se caía a trozos. Había regresado a esa actitud de pasiva autocompasión en la que nada importaba demasiado, y la decadencia del edificio se había vuelto casi imperceptible para su ánimo exhausto. Le rondaban la cabeza dramas inhóspitos, voces y cuerpos lejanos que angustiosamente se retorcían en su propia inmoralidad, voces y cuerpos que celebraban su culpabilidad enfermiza de cama en cama, y estos pensamientos le agotaban. Si hubiera sido otro tal vez se enfurecería escandalizado. Pero la perspectiva de esta humanidad pervertida por su propio amor al sufrimiento le devolvía un inmenso sentido de vacío y despropósito capaz de aniquilar la sana rutina de velar por el mínimo confort de sí mismo y de los suyos. Así que la casa se caía a trozos y Wells lo observaba sin hacer nada y sin querer hacerlo.

- ¿Si?
- Querido Herb, soy el Doctor S, ¿qué tal se encuentra?
- Oh, aceptablemente mal, teniendo en cuenta que el contenido de nuestra última conversación está obsoleto.
- Oh, interesante, ¿entonces tiene novedades?
- Quién iba a decirlo, ¿no es cierto?
- Le veré pronto, hágame el favor de concertar una cita con mi asistente.

Uno de estos días, antes de volver a ver al Dr. S, tendría que mandar arreglar esta ruinosa casa.

domingo, 11 de marzo de 2018

Chekhov issues

Era aquel sabor, pero en realidad no era el sabor de nadie en particular. Era un eco en la boca, fugaz e inestable. Un eco que buscar y buscar y buscar en uno y otro y otro beso. Y comprendí que quería aquel sabor y aquellos besos inimaginablemente poliédricos y completos más de lo que había pensado. Pero no iba a tenerlos...

viernes, 9 de marzo de 2018

Tengo miedo

Necesitaba volver, aunque sólo fuera momentáneamente, a la desnudez de la transparencia y respirar su propia verdad a solas, en la completa intimidad que le daba ser invisible. Wells entró en su cuarto quitándose la ropa hasta que en el espejo sólo vio la pared del otro lado. Se sentó en la cama. No era pesadumbre. No era preocupación. No era dolor. Era el peso de la visibilidad lo que le afligía. El agobiante peso de hacerse cada día de un cuerpo distinto al suyo para satisfacer a la normalidad. El peso de todas las cosas que pesan a los hombres visibles y que, a veces, tenía la sensación de poder liberar en la desnudez de su transparencia. Era una simple distracción del ánimo cansado, pero era una de aquellas pocas ocasiones en que ser invisible le proporcionaba un cierto comfort. Así que se pasó el resto de aquella tarde deambulando por su cuarto sin preguntarse por el sentido de sus pasos y al caer la noche se acostó, aliviado de los miedos convencionales y listo para volver a ellos al día siguiente. 

viernes, 23 de febrero de 2018

El presente

                       

 Este vacío                                         




Que reververa, vacío


                                Vacío     

Este vacio                        



               Como un eco, hueco...                             



Vacío             

Y la ansiosa posibilidad de que se llene


Sed
Pena
Vacío