lunes, 1 de noviembre de 2010

-No, no...- Decía evitando la mirada y en un tono apenas audible. Wells contemplaba con pánico la felicidad irredenta desatada por sus actos. Culpable. Culpable. Había toda una parafernalia invisible que nadie podría tener en cuenta fácilmente. Lo sabía. Lo temía.
-No, espera... - Repitió, pero a Lomer le brillaban los ojos salpicando declaraciones felices sin parar. Agitaba su cuerpo y reía desordenadamente, atravesado por una alegría insensata, una alegría de siglos, feroz.
- Espera, escucha...- Y Lomer volvió a sentarse con una sonrisa abrazada a su pecho, inquieto y desbordante. Como si nunca lo hubiera desbordado otra cosa que aquella vitalidad extática y su fantástica plenitud.
- Dime...
- Te miro con la terca esperanza de que un día, al mirarme, me veas. 
- Sí.
- Pero detrás de este rostro no hay ojos que miren como miran los ojos, aunque...
- No...-pronunció afectuoso e infantil-, no... -repitió sonriendo.
- Espera, mi rostro no es este...
- No, por favor, no digas eso...-Volvió a decir sonriendo aún más, como si la furia de su felicidad infinita sacudera los dilemas, los nudos, los hediondos recovecos de las realidades que deseaba ignorar, incómodamente amalgamadas. Pero el efecto de esto sobre Wells no fue el esperado.
- Sí- Dijo Wells, lacónico. -Sí, lo digo...- Repitió, cansado. -He de decirlo...- Y su cuerpo se encogió pesadamente, abatido por todas las vidas que había vivido buscando un rostro para sí mismo aunque no lo tuviera. Otros lo necesitaban. Y él necesitaba a otros.

Lomer luchaba por no rendirse. Aquella impertinente terquedad fue lo que les unió un día. Compartían el mismo desatinado sentido de la perseverancia. Se levantó de nuevo y tomó las manos de Wells entre las suyas. 
-Vale, no pasa nada...- Dijo.


Wells lo miró y esbozó una sonrisa exahusta. En realidad ya estaba muy lejos. 
- ...intentando no dar miedo o no parecer tan remotamente imposible que resultara aterrador como un loco, un loco sin rostro, aunque el único consumido por el miedo soy yo, yo intentando esconderme, yo intentando no hacerlo, cansado, de las verdades, de las ficciones...- Estaba muy lejos. Y la felicidad de Lomer sólo le recordaba el terrible esfuerzo de haberla cultivado hasta su propio agotamiento. Ahora le daba pánico. 


- Le felicito- El Dr. S lo decía circunspecto, sin entusiasmo pero con cierta convicción filosófica .
- El pánico es la respuesta -añadió-, le felicito sin duda W.