miércoles, 29 de abril de 2009

indiferencia, o no

Me importaba una mierda si lo entendía o no. Me importaba una mierda si quería escuchar el relato de una tragedia estrecha y honda, o si sólo pretendía coleccionar episodios de la historia de un vertedero. Demasiados años acarreando mierda dan para eso (para seguir masticando los mismos plásticos atascados sin más).
Supongo que era evidente que me daba igual todo, porque se dió la vuelta e hizo ademán de apagar la luz de la mesita de noche.
-Vale, apaga -El tono de la indiferencia exhausta suena a veces poco indiferente, ¿no?
-¿Por qué lo dices así?
Porque me la suda. Porque me la tiene que sudar.
Más bien lo último.
O más bien no...
El esfuerzo de volverse indiferente al dolor resbalaba hacia la rutina de la evasión... [...aquella mirada, aquella colección de vistazos convenientemente fugaces, la temeridad del que se esconde a la vista de todos, timidez, obscenidad furtiva, ¿qué rayos estamos haciendo? ¿tú lo sabes? lo sabes ¿lo sabes?...] Buagh, no quiero volver al mismo bosque. ... ... Y dejamos la luz encendida hasta que escupí los putos plásticos de mierda. Si tienes sueño te aguantas. De eso se trata.
-De aguantar, sí...
-No, no. De dejar de huir. Dejar de huir.


Laura Cancho y Thomas Reydellet
[Expo en el Foro de Pozuelo]
Blog de Laura
http://lauracancho.wordpress.com/

miércoles, 8 de abril de 2009

el camino

Era la hora de parar. De mirarse los pies, la mierda y el cansancio acumulados, el estado del calzado.
-Hemos avanzado mucho -dije en alto.
-Sí -contestó la Dra. L un poco ausente.
-Tengo que parar... -creo que resoplé. Me estiré. Levanté los brazos. Moví el cuello . Me dolía.
-Hmm... -ella me miró con paciencia cansada.
El camino se había convertido en un vertiginoso sendero medio colgante. Un acantilado sobre el mar en calma. Unas maderas podridas apuntalaban el sendero en la poca tierra que abrigaba la roca. Era el camino. No estábamos perdidos. Sólo un poco jodidos. Podía imaginar un barco en la serenidad del horizonte... pero no. No era un lugar seguro para parar, ni para perder el tiempo con metáforas existenciales

No te seguiré a donde miras cuando miras sin mirar
Ese lugar vacío, esa serenidad
de nada cavilante
abrigo
del pecado original de descubrirte
terco y frágil
No sujetaré tus trozos rotos si sólo miras a otra parte


El suelo cimbreaba bajo nuestros pies. Sólo tardamos unos minutos en volver a ponernos en marcha. L permanecía en silencio.