miércoles, 23 de marzo de 2011

A veces
la ciudad amanece bajo un sol como muerto
como si la ciudad misma ya hubiera fenecido
y, difunta, retorciera sus sombras al compás
de un sol muerto que se escora
de ocaso en ocaso

martes, 22 de marzo de 2011

ahogar-se

Iba a ahogar las sensaciones en música, en algo lo bastante complejo y animado para que arrastrara la atención más allá de esa amorfa angustia y el odio de sí mismo, más allá de la tentacion de detonarse. No había nada que fumar, ni nada que beber, ni ninguna otra cosa a mano con la que reventarse sin que llamaran a la policía. Seguramente, la única forma de reventarse era salir al pasillo y gritar, y correr, y cometer todos los errores posibles, los imaginados (obsesivamente) y los que todavía no se habían concebido. ¿Por qué no hacerlo? Porque en eso constía esa prisión. En no hacerlo. En no hacer nada. No hacer nada nunca. Y ver los días pasar sin poder agarrar ni uno sólo. Y caer de un calendario en otro calendario, mudo y sin sombra.

-La música es invisible- pensó, o tal vez llegó a pronunciarlo aturdido- es invisible y me alejará de aquí, me alejará, me alejaré, es invisible y me arrastra, me duplica, me borra, es invisible y barre, tira de mi, me arrastra, me alejará, me arrastra...

sábado, 19 de marzo de 2011

ruido

Qué ruido de voces, de pasos, de proclamas, de amenazas, de sombras,
de más voces, de más ruido, ¡qué ruido!
Qué ruido de héroes, de mártires, de brumas, de tiempo,
de un pasado urdido de gritos, de pasos, de proclamas...
Qué ruido que aturde,
qué enjambre de fieras volando, reptando, acechando, gritando...
Qué jauria triste, qué triste estallido de palabras vacuas,
de amenazas bobas, de gestos fingidos, de pasos que corren,
de pasos que esconden las huellas de un rastro de siglos que apestan
mientras todos gritan, mientras todos fingen, mientras todos, cómplices,
vociferan ruidos que hieren, que insultan, que aturden
y no dejan nada que no trote al paso de su mascarada.

...

El silencio dibujaba la línea de un horizonte perfecto agostándose al fin del mar de dunas. Una brisa irregular y ligera levantaba pequeñas nubes de arena aquí y allá. La simplicidad de los colores y las formas del ocaso dotaba la escena de una penetrante sensación de irrealidad.
Al mirar a mi lado él no estaba.
Supuse que al menos eso era real, después de todo.