Iba a ahogar las sensaciones en música, en algo lo bastante complejo y animado para que arrastrara la atención más allá de esa amorfa angustia y el odio de sí mismo, más allá de la tentacion de detonarse. No había nada que fumar, ni nada que beber, ni ninguna otra cosa a mano con la que reventarse sin que llamaran a la policía. Seguramente, la única forma de reventarse era salir al pasillo y gritar, y correr, y cometer todos los errores posibles, los imaginados (obsesivamente) y los que todavía no se habían concebido. ¿Por qué no hacerlo? Porque en eso constía esa prisión. En no hacerlo. En no hacer nada. No hacer nada nunca. Y ver los días pasar sin poder agarrar ni uno sólo. Y caer de un calendario en otro calendario, mudo y sin sombra.
-La música es invisible- pensó, o tal vez llegó a pronunciarlo aturdido- es invisible y me alejará de aquí, me alejará, me alejaré, es invisible y me arrastra, me duplica, me borra, es invisible y barre, tira de mi, me arrastra, me alejará, me arrastra...
martes, 22 de marzo de 2011
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