[25 ago 2008 | lunes]
Cuando ella finalmente se fue, W pensaba que estaba acostumbrado a la ausencia. Él mismo llevaba cientos de años ausente. Su experiencia se dispersaba en varias vidas fragmentarias, a veces virtuales, entre las que transitaba continuamente sin pensar demasiado en el significado inconcluso de cada episodio. Deambulaba de una ausencia en otra. Luego ella se fue, y W esperaba sentir la misma nostalgia inestable que le conduciría, más tarde o más temprano, a saltarse también ese capítulo. Pero empezó a pesarle lo inconcluso. No sabía si era una intuición o sólo terquedad. El caso es que la ausencia de ella y la suya propia se habían fundido en su cabeza malamente, y sentía, con perfecta sencillez, que no iba a desaparecer multiplicando los escenarios, yendo o viniendo, presente o ausente. Maldita sea. No sólo estaba detenido al pairo en mitad de ningún sitio, es que no tenía ni la más ligera idea de lo que podía hacer al respecto.
lunes, 25 de agosto de 2008
jueves, 14 de agosto de 2008
Los días en que empezó a convertirse en lo que era
[14 ago 2008 | jueves]
Entonces recordó los días en que empezó a convertirse en lo que era. No sucedió de repente, y no recordaba ningún suceso desencadenante al que poder remitirse cuando alguien le preguntaba por qué. Sólo ocurrió que un día empezó a volverse translúcido, luego transparente, y completamente invisible por último. Había una mujer, la Dra. S, atormentada con encontrar la fómula que lo devolviera a algún tipo de normalidad material. Ella también había buscado el desencadenante, pero no lo había encontrado. Frank, Kemp, e incluso Gillins lo habían intentado sin éxito. Y sólo el Dr. Dop había asumido aquella condición como una extravagancia sin origen ni fin, algo para lo que buscar explicaciones era una pérdida de tiempo. Pero no se habían entendido, y después de todo había vuelto al lugar donde comenzó a palidecer. Entonces había vuelto a sentir la terca determinación de desmaterializarse. Pensó que tal vez eso era todo. Echaba de menos a los otros seres imposibles con los que se sentía verdaderamente entero. Y a pesar de que todo el mundo lo consideraba uno más, Wells permanecía tan obstinadamente invisible como siempre desde hacía muchos años.
Entonces recordó los días en que empezó a convertirse en lo que era. No sucedió de repente, y no recordaba ningún suceso desencadenante al que poder remitirse cuando alguien le preguntaba por qué. Sólo ocurrió que un día empezó a volverse translúcido, luego transparente, y completamente invisible por último. Había una mujer, la Dra. S, atormentada con encontrar la fómula que lo devolviera a algún tipo de normalidad material. Ella también había buscado el desencadenante, pero no lo había encontrado. Frank, Kemp, e incluso Gillins lo habían intentado sin éxito. Y sólo el Dr. Dop había asumido aquella condición como una extravagancia sin origen ni fin, algo para lo que buscar explicaciones era una pérdida de tiempo. Pero no se habían entendido, y después de todo había vuelto al lugar donde comenzó a palidecer. Entonces había vuelto a sentir la terca determinación de desmaterializarse. Pensó que tal vez eso era todo. Echaba de menos a los otros seres imposibles con los que se sentía verdaderamente entero. Y a pesar de que todo el mundo lo consideraba uno más, Wells permanecía tan obstinadamente invisible como siempre desde hacía muchos años.
viernes, 8 de agosto de 2008
La condición invisible
[08 ago 2008 | viernes]
El señor Wells se sentó frente a la chimenea a esperar que se secara su ropa. Encendió una pipa y se dejó caer sobre el respaldo decidido a dejar de decidir. De la forma brusca en que siempre lo hacía todo, la señora Halls entró en la sala sin llamar. Se quejó de algunas personas, expuso algunos incidentes del día, y salió por la puerta con la misma intemperancia con la que había entrado. El señor Wells respiró hondo y volvió a apoyar la cabeza en el respaldo relajadamente. Se daba cuenta de que la señora Halls, como su esposo y el resto de los inquilinos, se habían acostumbrado a su extravagante condición. Era uno de los principios del trabajo de campo. El tiempo. El tiempo era tan importante como cualquier otra particularidad de la convivencia. Todos se habían acostumbrado a tratar con naturalidad a un ser completamente invisible.
El señor Wells se sentó frente a la chimenea a esperar que se secara su ropa. Encendió una pipa y se dejó caer sobre el respaldo decidido a dejar de decidir. De la forma brusca en que siempre lo hacía todo, la señora Halls entró en la sala sin llamar. Se quejó de algunas personas, expuso algunos incidentes del día, y salió por la puerta con la misma intemperancia con la que había entrado. El señor Wells respiró hondo y volvió a apoyar la cabeza en el respaldo relajadamente. Se daba cuenta de que la señora Halls, como su esposo y el resto de los inquilinos, se habían acostumbrado a su extravagante condición. Era uno de los principios del trabajo de campo. El tiempo. El tiempo era tan importante como cualquier otra particularidad de la convivencia. Todos se habían acostumbrado a tratar con naturalidad a un ser completamente invisible.
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