Supongo que era evidente que me daba igual todo, porque se dió la vuelta e hizo ademán de apagar la luz de la mesita de noche.
-Vale, apaga -El tono de la indiferencia exhausta suena a veces poco indiferente, ¿no?
-¿Por qué lo dices así?
Porque me la suda. Porque me la tiene que sudar.
Más bien lo último.
O más bien no...
El esfuerzo de volverse indiferente al dolor resbalaba hacia la rutina de la evasión... [...aquella mirada, aquella colección de vistazos convenientemente fugaces, la temeridad del que se esconde a la vista de todos, timidez, obscenidad furtiva, ¿qué rayos estamos haciendo? ¿tú lo sabes? lo sabes ¿lo sabes?...] Buagh, no quiero volver al mismo bosque. ... ... Y dejamos la luz encendida hasta que escupí los putos plásticos de mierda. Si tienes sueño te aguantas. De eso se trata.
-De aguantar, sí...
-No, no. De dejar de huir. Dejar de huir.
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