Peleó consigo mismo. Valoraba si deshacerse de todas sus cosas en el segundo siguiente a que K saliera por la puerta o recostarse infinitamente en los rescoldos de su olor detenido en las sábanas como una fotografía etérea de su cuerpo. Los olores son un bálsamo temerario. Aquellas sábanas abandonadas para siempre eran un abismo de tentación suicida. Aunque W. había decidido no volver a aquellos introverticidios nunca más, hay tumbas tan dulces que tientan más allá de toda racionalidad y mesura... Y se dio cuenta de que K no era su amante, sino él mismo, seducido por aquella fijación repentina de lanzarse a abrazar el olor de ella entre las sábanas como un niño enloquecido de frustración, que no sabe y no quiere saber el dolor de tripa que traerá consigo tragar toda esa arena...
Lo hizo.
Lo hizo.
Pasaron los días y la arena seguía en su estómago. Las ojeras, el llanto, el sabor del desierto en el paladar seco, el hambre y la imposibilidad de tragar, el sol en los ojos, la frente ardiente, las manos endurecidas... Ya no podía caminar. Se dejó caer en la arena y se cubrió a sí mismo deshaciendo el turbante para protegerse de la solidez del viento en las dunas, de la luz, de la ceguera... Inmóvil, se sintió amortajado. Inmóvil, enredado en su propia fantasía de sensaciones.
Odiaba su propia incapacidad y, absurdamente, echó de menos la cólera que le había llevado a tragar arena en un momento de necesidad desbordante. Comprendió que era un bucle patético del que tendría que salir lo antes posible... Aquel olor en la cama y aquella falsa sensación de plenitud al abrazarlo sólo servían para satisfacer imaginariamente una necesidad que no se había satisfecho en absoluto más allá de la sola imaginación.
- De acuerdo, Herb. Que la satisfacción imaginaria no disimule la insatisfacción real.
- Lo entiendo...
Odiaba su propia incapacidad y, absurdamente, echó de menos la cólera que le había llevado a tragar arena en un momento de necesidad desbordante. Comprendió que era un bucle patético del que tendría que salir lo antes posible... Aquel olor en la cama y aquella falsa sensación de plenitud al abrazarlo sólo servían para satisfacer imaginariamente una necesidad que no se había satisfecho en absoluto más allá de la sola imaginación.
- De acuerdo, Herb. Que la satisfacción imaginaria no disimule la insatisfacción real.
- Lo entiendo...
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