Pánico.
El aire sofocante...
Materia informe, descontrolada,
lluvia siniestra, cortina de angustia,
humo espantoso, pared de nada, de oscuridad, de asfixia
ola de lava que se yergue colosal, terrorífica...
"Ver y no saber hacer nada, y estar... sin rumbo cierto,
y el temor de haber hecho, y dicho, y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana apuñalado"
Y, de repente, pensar:
"estoy en la esfera, es la esfera,
sal de la esfera!! DESPIERTA!!"
Y quiso gritar "ayuda", pero la voz quedó sofocada en la garganta dolorida por el estertor del pánico. Apenas era consciente de dónde estaba o cómo estaba, completamente encogido en el suelo de la consulta, con los pies retorcidos en una especie de mueca corporal imposible. El horror de la visión era tal que había suprimido su sentido del dolor físico. Así que gritaba en casi silencio, sin siquiera saber muy bien si gritaba o no, paralizado, sumido en una humillación infinita e infinitamente herido en el lecho doliente de una llaga inmensa cuyas paredes se cerraban para devorarlo...
- Me es francamente penoso tener que decirle esto, Herb... - dijo el Dr. S con genuina pesadumbre
- Argh -sonó apagadamente Wells- ¡Es usted imbécil!
- Urgh -repitió desde un trance enfermizo y remoto
- No me puedo explicar cómo ha podido usted hacerse esto a sí mismo ¿en qué estaba pensando cuando invitó al maldito Chekhov a instalarse en su casa? ¡Maldita sea, Wells! ¡No hablamos de una semana! ¡Ha dicho cuatro años!
- Zssaa...argh -el dolor era indescriptible, le era imposible pronunciar "ayuda"
- ¡HAGA ALGO, POR DIOS!
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