viernes, 9 de marzo de 2018

Tengo miedo

Necesitaba volver, aunque sólo fuera momentáneamente, a la desnudez de la transparencia y respirar su propia verdad a solas, en la completa intimidad que le daba ser invisible. Wells entró en su cuarto quitándose la ropa hasta que en el espejo sólo vio la pared del otro lado. Se sentó en la cama. No era pesadumbre. No era preocupación. No era dolor. Era el peso de la visibilidad lo que le afligía. El agobiante peso de hacerse cada día de un cuerpo distinto al suyo para satisfacer a la normalidad. El peso de todas las cosas que pesan a los hombres visibles y que, a veces, tenía la sensación de poder liberar en la desnudez de su transparencia. Era una simple distracción del ánimo cansado, pero era una de aquellas pocas ocasiones en que ser invisible le proporcionaba un cierto comfort. Así que se pasó el resto de aquella tarde deambulando por su cuarto sin preguntarse por el sentido de sus pasos y al caer la noche se acostó, aliviado de los miedos convencionales y listo para volver a ellos al día siguiente. 

No hay comentarios: