lunes, 12 de marzo de 2018

La casa se caía a trozos. Había regresado a esa actitud de pasiva autocompasión en la que nada importaba demasiado, y la decadencia del edificio se había vuelto casi imperceptible para su ánimo exhausto. Le rondaban la cabeza dramas inhóspitos, voces y cuerpos lejanos que angustiosamente se retorcían en su propia inmoralidad, voces y cuerpos que celebraban su culpabilidad enfermiza de cama en cama, y estos pensamientos le agotaban. Si hubiera sido otro tal vez se enfurecería escandalizado. Pero la perspectiva de esta humanidad pervertida por su propio amor al sufrimiento le devolvía un inmenso sentido de vacío y despropósito capaz de aniquilar la sana rutina de velar por el mínimo confort de sí mismo y de los suyos. Así que la casa se caía a trozos y Wells lo observaba sin hacer nada y sin querer hacerlo.

- ¿Si?
- Querido Herb, soy el Doctor S, ¿qué tal se encuentra?
- Oh, aceptablemente mal, teniendo en cuenta que el contenido de nuestra última conversación está obsoleto.
- Oh, interesante, ¿entonces tiene novedades?
- Quién iba a decirlo, ¿no es cierto?
- Le veré pronto, hágame el favor de concertar una cita con mi asistente.

Uno de estos días, antes de volver a ver al Dr. S, tendría que mandar arreglar esta ruinosa casa.

No hay comentarios: