viernes, 20 de julio de 2018

Seis semanas


- Me alegro de que no haya sido necesario llegar a los electrodos, amigo -dijo el Dr. S de una forma inusitadamente cálida.
- Si lo pienso, Doctor, casi me parece que me sentaría bien un poco de dolor físico. Podría despistar así ciertos pensamientos sombríos y laberínticos -respondió W con su habitual masoquismo.
- Supongo que no recuerda bien la última sesión, querido. No fue agradable ¿sabe? Para nadie. ¿Recuerda los espasmos y las contracciones? Oh, y no fue lo peor...
- Lo sé. Lo sé, pero unas contracciones ahora mismo me parecen más tolerables que esta resignación apática que me llena de temor.
- Dé usted gracias de que sea apática. Esta apatía le va a salvar a usted de inmolarse en el absurdo... "otra vez", si me lo permite.
- Esta apatía es el absurdo mismo, Doctor, aunque se empeñe usted en fingir que no lo entiende.
- En cualquier caso, nos ahorraremos unos cuantos voltios y unos cuantos vómitos y defecaciones si le parece bien. ¿Han pasado seis semanas?
- Hoy justamente se cumplen seis semanas.
- Magnífica precisión ¿no cree? Habituación y deshabituación. Su cerebro está en forma a pesar de su cargante derrotismo.
- Hurra.
- Hurra, sí. Recuerde las reglas, Wells. Son sus reglas.
- Si.
- Están ahí para ayudarle a usted. Realidad, ésa es su diosa ahora.
- Es ciertamente parca en encanto.
- Es usted sobradamente encantador para hacerse un panteón entero de irrealismo barroco en una montaña de basura. Vuelva a las reglas, Wells, o sufrirá de nuevo por pura estupidez o, peor, por mera crueldad consigo mismo. No se dañe más.
- Lo sé.
- ¡Pues grábeselo en la frente! ¡Bien visible!
- Muy gracioso.

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