El Dr. S miraba fijamente a Wells con el gesto congelado y un rictus entre el desprecio y la ira. Sus rostros eran siempre fácilmente legibles. Quizá ello formaba parte de alguna técnica terapéutica con la que conseguía transmitir emociones de esa forma contundente que de todos modos su ruda expresión al hablar revelaba también. Ahora tenía los ojos ampliamente abiertos y las cejas artificialmente alzadas, pero sus labios se torcían en una mueca que indicaba más bien repugnancia.
- ¿Me habla usted en serio Herb? -dijo revolviéndose en la silla.
- Así parece... -dijo Wells a punto de reírse.
S lo miraba todavía con otras muecas parecidas como si esperase que todo fuera una broma. Pero no lo era. A pesar de ello, Wells encontraba la situación divertida. Había acudido a la consulta del doctor sabiendo que su relato de la semana iba a resultar, como mínimo, chocante.
- No sé que clase de insensatez están ustedes a punto de cometer, pero puedo al menos decirle que la que ya han cometido ¡es extraordinariamente contraproducente para su diagnóstico! ¡Está usted caminando directamente a su propio abismo! ¡¿Cómo ha llegado esto a ocurrir?! ¡Hable!
Parecía tan enojado que resultaba difícil mantener la compostura. Pero Wells tenía unas insólitas ganas de reír, para variar.
- Pues... usted sabe que aprecio su consejo y...
- ¡Vaya al grano!
- Dijo usted que me relacionara con la persona real y, en fin, todo empezó porque compartí con A las mismas confesiones que le hice a usted la semana anterior, así que...
- ¡Le dijo usted que quería formar una familia a una persona que no conoce de nada! Y ello no es lo peor, naturalmente. Esto lo entiendo, hasta cierto punto, pero lo entiendo, sin embargo, Wells ¡ha involucrado usted a esta persona en sus delirios!
- Doctor, yo no lo describiría así, si me permite...
- ¡No sé si le permito nada! ¡Es usted un lunático! ¡Un irresponsable! ¡Un espíritu disparatado!
Lentamente, mientras el tono de voz del doctor iba aumentando y la furia de su profesión se apoderaba de él, Wells empezó a reírse.
- Jijiji... -Wells evitó mirarle a los ojos mientras el doctor vociferaba. El regocijo lo envolvía, emanaba de todos los músculos de su cuerpo avejentado y suavizaba aquellos alaridos. Era feliz y en aquella circunstancia fue consciente de que el Dr. S sólo vería las risotadas de un loco en su remota ingenuidad.
- ¡Deje de reírse, maldita sea!
- Discúlpeme Doctor, soy extraordinariamente feliz y me doy cuenta de que...
- ¡Es usted extraordinariamente imbécil!
- Bien, quizá ambos necesitamos serenarnos..
- ¡Esto es increíble! ¡Increíble! ¡Pero sí, serenémonos! Vamos a serenarnos un momento...
- ¿Desea que le describa cómo me siento? -Tentó Wells.
- ¡No! Haga el favor de describirme los hechos de la forma en que pueda comprenderlos mejor, y añada unas cuantas justificaciones de las suyas...
- Naturalmente...
Y Wells procedió a hacer explícitos todos los razonamientos, locos o no, que le habían guiado durante la semana en uno de los más extraordinarios acontecimientos de su vida. O lo que así parecía. Uno: Pensó que compartir el contenido de sus enfermiza imaginación con la persona que con él confesaba sus propias vulnerabilidades era, al menos, un intercambio justo. Dos: Si alguna esperanza cabía de compartir sus vidas, sea lo que sea que ello signifique, ello sin duda llevaría a convivir con los delirios de cada uno y, hacer explícita su existencia se antojaba un paso necesario. Tres: pero el contenido involucraba a A, así que Wells tuvo que confesar que, en efecto, había puesto un cierto rango de esperanza en que A aceptara aquella visión suya como una simpática revelación y no como un retorcido dislate. W había visto a A vistiéndose para su boda, la boda de ambos. Y esto no resultó para A una alucinación monstruosa.
- Fíjese doctor en que mi rango de expectativas era realmente humilde.
- Mezcla usted el control de las expectativas con la baja autoestima, y cree que se le puede dejar solo... ¡Siga!
Al contrario, e inesperadamente, Arbor se había mostrado tan extravagantemente conforme con la visión como Wells no se había atrevido a esperar. Cuatro: la ensoñación se convirtió en una hermosa exploración de las perspectivas comunes sobre su propia coexistencia, una saludable puesta en común de las posibilidades que cada uno contemplaba y por qué las contemplaba. Cinco: No pretendía hacerse fuerte en un delirio ni involucrar a otra persona en una ofuscación colectiva sino confesar sus inseguridades y una de sus fuentes más recurrentes. Seis: Por una vez, puso las fantasías en la realidad por su propia iniciativa. Y la realidad respondió, por una vez, sin la violencia acostumbrada.
- Y, finalmente, mi querido S, puedo decirle que estoy razonablemente contento con el resultado y quisiera que usted pudiera apreciar la rareza de esta circunstancia que...
- ¡Está usted insultantemente feliz! Wells, no se haga el moderado ahora... ¡Ha entrado usted por esa puerta diciendo que iba a casarse! ¡¿Ha perdido usted la cabeza?!
- Lo sé, lo sé... Tiene razón usted, pero ¿cómo más que en esa afirmación podría expresarle un estado de ánimo tan optimista que me siento renacido, con la fe intacta, con la energía de un...?
- ¿Fanático?
- Por favor, se lo ruego, S, reconsidere el relato. Después de todo, usted sabe mejor que nadie que esta es una circunstancia inexplorada a lo largo de mi penosa vida. Permítame avanzar aquí un momento, experimentar, vivir, tal vez saborear las oportunidades que no he tenido antes. Soy consciente de que en cualquier momento podría despertar de un sueño o quizá padecer las decepciones a las que le tengo acostumbrado, pero esto es totalmente nuevo, doctor. Usted sabe mejor que nadie que esto es nuevo. Y siento que necesito explorarlo.
- Vuelva la semana siguiente sin falta. Si cancela la visita voy a ir personalmente a buscarlo con unos cuantos electrodos de cortesía.
- Gracias, doctor. Significa mucho para mi que me conceda esta licencia.
- Más le vale tener suerte...
1 comentario:
<3
https://www.youtube.com/watch?v=09R8_2nJtjg
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