Por desgracia, Wells soñaba poco. Recientemente, su joven amigo M le contaba que los sueños son mecanismos de liberación de la energía y las contradicciones que sacuden nuestros mundos internos, pero Wells reconoció que disfrutaba de la dudosa suerte de sacudirse energías y contradicciones durante la vigilia. De hecho, tendía a despertarse en mitad de la noche más veces de las saludables en vez de tener pesadillas como toda persona decente. Así que soñaba de día, si puede decirse así. Y sus pesadillas las padecía de pie, a veces fingiendo en público, a veces confesándose con los pocos amigos íntimos que conocían sus ansiedades.
Todo iba razonablemente mal hasta que fue feliz. Conocer personas invisibles no era precisamente una rutina cotidiana en su vida, pero Arbor era un sujeto único en varias especies. Y aquella semana estaba tentado de afirmar que podría ser un sujeto único en todos los tiempos, pero no quería exagerar más de lo que ya sentía sensacionalmente formidable. El caso es que Wells se veía a sí mismo arrebatado en un vínculo delicioso con esta quintaesencia de lo visible y lo invisible. Es más, se veía a sí mismo arrebatado en un torbellino de vínculos cada vez más fascinantes y sobrenaturales que le conducían una y otra vez a experimentar el placer de todas las uniones posibles con A. Y en la tromba de belleza y regocijo quedó con una sed que le era familiar. Sed de más.
El ser humano es estúpido, y la variedad invisible no es una excepción, por lo que parece. Wells se descubrió a sí mismo soñando despierto con placeres y lazos más y más vehementes y vinculantes.
- Diga ya lo que tenga que decir, Herb, no tenemos todo el día -dijo el Dr. S irritado.
- Sueño que formamos una familia, que celebramos un matrimonio, que reímos y envejecemos, que nos peleamos sin enfadarnos, que nos seguimos besando siempre como nos besamos hoy... -Era difícil para W escucharse decir esto porque se avergonzaba de su propia necedad y se avergonzaba también de su flaqueza y su sentimentalismo infantil.
- Ya veo, siga.
- Sé que está mal, Doctor, sé que está mal...
- Digamos que es un error y que debería evitarlo, dados sus antecedentes.
- Hoy quise que otra vez se revelaran más milagros, más señales del destino, más declaraciones inesperadas, hoy quise otra vez llorar de amor, de placer, de alegría. Y la ausencia de este éxtasis en la tarde, y le pido a usted que escuche y no se mofe, me produjo esta ansiedad.
- ¿En la tarde? ¿Quiere decir usted que en la mañana...?
- Sí, eso quiero decir, sí, pero escuche: lo he visto, lo he reconocido. Esta ansiedad es indebida y enferma. Reconozco que esta felicidad me atrapa y me empuja a soñar. Y que soñar me confunde y me debilita. Lo reconozco. Es mi enfermedad, el sueño.
- Está bien, Wells. Vuelva a lo que es real, relaciónese con la persona real. Parece bastante bueno por sí sólo, no creo que necesite añadirle esa proyección de inseguridades pueriles. Disfrútelo mientras existe.
- Le odio, les odio a todos, cuando dicen que "disfrute"
- ¡Jajajaja! Disculpe, Herb, discúlpeme. Jajaja...
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