Fue hermoso quedarse sin palabras. Los fragmentos de algunas crepitaban en su mente inconexos, en un intento errático por manifestar aquel éxtasis de asombro. Y en ese caos feliz quizá balbuceó alguna cosa. Pero lo cierto era que ninguna palabra de ningún idioma alcanzaba a cobrar sentido al deslizarse fuera de su cuerpo. "Más tarde", pensó, "luego, volveré a este momento y escribiré lo que sea". Y se quedó vagando perezosamente en la ambigüedad de aquella embriaguez inexpresable.
No quiero separarme de esa gran traspresencia de ti en mí: el cansancio del cuerpo.
Post-scriptum:
Quizá, por una vez, lo extraordinario se manifestó en esta apacible renuncia a pronunciarse, siquiera ante sí mismo. Con el paso de los días aceptó que también tenia miedo a definir aquella difusa sensación de bienestar, como si las palabras, o algunas de ellas, fueran a encorsetar esa líquida placidez de cuya dispersión disfrutaba especialmente, sintiendo aquí y allá la misma complacida atonía.
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