lunes, 2 de abril de 2018

Después de chekhov

Iba de un lado para otro en su cabeza. Todas las imágenes mezcladas, las conversaciones, los recuerdos, los cuerpos, los planes. Los días se solapaban, los mensajes a deshora, los silencios, las visitas furtivas a predicciones astrológicas, las ansiedades. Todo se agolpaba en el pecho, en el pensamiento, en el calendario. Había saltado, desesperadamente, del vacío a lo más alto de las montañas. Y se sentía penosamente mareado y absurdo. 

Oyó la voz a lo lejos del Dr. S.:

- Olvídese de los planes poéticos. Cuando llegue la rumiación, haga parada de pensamiento. Deténgase, respire hondo y haga otra cosa.
- Ya...
- Otra cosa distinta a cambiar de chat y seguir buscando lo que está buscando ¿Entiende?
- Ya...
- Creo que no me está escuchando...
- Sí...

El conjunto era un amasijo de trozos lo bastante esperados como para no querer deshacerse de ninguno de ellos. Pero no podía evitar la desazón de saber que cada trozo provenía de especies distintas que requerían un cultivo peculiar y un mal gusto notable para ponerlos en un mismo jardín...

- No, no me está escuchando...
- No...

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