Era tan hermosa que dolía aunque, al decirlo, la frase resultaba vulgar. No así el dolor de contemplarla que, a pesar de la mediocridad de su verbalización, era soberbio. Era una avalancha agónica de deseo desesperado, un deseo torturado por la distancia, los años, los recuerdos, las vidas... y quizá por alguna oscura tentación de asirla completamente.
Lo había vuelto a hacer. Diez años después de comprender porqué no debía hacerlo nunca, contempló su imagen y su preciosa rareza se volvió este dolor afilado que no quería.
- ¿Pero hizo algo?
- Si, recordé sus palabras y la escribí - Wells había asumido que el Dr. S formaba ya parte de su talento para el delirio
- ¿Y?
- La conversación disipó lo peor de la agonía
- La realidad, querrá decir...
- Sí, eso...
No hay comentarios:
Publicar un comentario