viernes, 20 de julio de 2018

Crueldad


A la señora Callister se le había metido en la cabeza que la invisibilidad era un atributo magnéticamente hermoso. 

- Vamos W, no sea tímido. ¿Cree que podría ver sus vergüenzas? Jajaja... 
- Precisamente querida, mis vergüenzas son esas mismas que no pueden verse. 
- ¿Cómo podría usted avergonzarse de su propia naturalidad? ¡Es un insulto a la vida, a la magia, al universo misterioso que lo creó!
- El misterioso universo que me creó fue un irresponsable y un inconsciente, un niño cruel poco dado a asumir las consecuencias de sus actos por sí mismo. 
- ¡Discrepo! El universo lo creó a usted como una maravilla, hizo de su ser el escenario de su omnipotencia, de su gracia. 
- Poco agraciada gracia, por lo que tengo comprobado, de esto le puedo hablar infinitamente...
- ¡Ni hablar! Es usted el legado de la magia perdida, un resto del Ávalon antiguo y venerable. 
- ¿Venerable? Jajaja... Una reliquia tal vez, pero sin duda una profana, horrible y tristemente profana. 
- Vamos Wells, no discuta conmigo. Acepte este regalo de su condición como yo la acepto, con fascinación, con devoción, con fe y fanfarria de ritos y cantos. 
- ¿Cantará usted si accedo a su petición? Jajaja... Es usted increíble. 
- Sólo soy una devota de usted, y nada más. Vamos Wells, permítame contemplar su naturaleza en su estado más agreste. La ausencia de formas visibles en su rostro o sus manos es por sí sola una experiencia impresionante pero usted sabe cuánto tiempo he deseado verle a usted, es decir, contemplar su condición consumada, asistir al paisaje completo del milagro. No he pensado en otra cosa desde que nos conocemos que en conocerle mejor, conocerle total y completamente...
- Creo que no sabe lo que pide.
- ¡Lo sé!
- No sabe lo difícil que es esto para mi...
- ¿Difícil? ¡Esto es lo que intento decirle! ¡La única dificultad es la que usted se pone a sí mismo! ¡Su propia auto aceptación! Esa autoestima suya que no deja de enriquecer al Dr. S, si me lo permite.
-  El Doctor es un amigo. Sin él no habría llegado a conocerla, señora mía. Estaría muerto hace muchos años. 
- No cambie de tema, vamos, vamos... ¡Hagámoslo! ¡Libere su naturaleza y abrace la auto afirmación!
- ¿No basta con medio cuerpo? 
- ¡Ámese a sí mismo! ¡Respétese a sí mismo!
- Es usted pura seducción. Está bien... Le regalaré este espectáculo que usted pide, aunque debe saber que no lo encuentro ni interesante ni ninguno de los epítetos que a usted se le ocurren. 

No pretendía ser ceremonioso, pero necesitaba desnudarse lentamente para ejercitar aquella consigna del amarse a sí mismo poco a poco. Nunca se había amado mucho. Ni poco a poco ni con rapidez. Si acaso fugazmente, alguna vez, pero ninguna de esos orgullos fugaces le había preparado para escapar de la ropa en una exhibición de su propio ego. No tenía ninguna vanidad que le hubiera preparado para ello. Primero se quitó los guantes. Luego el maquillaje. Luego la peluca y los calcetines. La camisa, y el pantalón fueron lo último y así quedó expuesto. Cuando se dio la vuelta para ver el rostro de la señora Callister le costó entender la mueca de su rostro. 

- ¿Está usted bien? 
- Oh, oh, no... 
- ¿Necesita ayuda? 
- ¡No! ¡No! ¡No se acerque! ¡No me toque!
- Pero... 
- ¡Abominación! ¡No me toque! ¡¿Dónde está?! ¡No se atreva a acercarse!
- ¿Señora Callister? 

La apasionada conquistadora de misterios insondables agarró su bolso aplastándolo nerviosamente con la mano y salió corriendo sin cerrar la puerta de la habitación. Dejó la chaqueta en la silla desde la que no pudo soportar las maravillas del universo. La señora Kemp se acercó sorprendida por las sombras del pasillo. Seguramente había estado por ahí cerca de la puerta el rato que duró la alabanza insensata de Callister y el aún más insensato y triste consentimiento de Wells en hacer de su condición una suerte de espectáculo para señoras pretendidamente liberales. 

- ¿Se ha ido? -dijo Kemp enarcando las cejas- ¿Qué ha pasado aquí? 
- No me puedo creer lo que acabo de hacer... de permitirle hacer, de hacerme... No sé qué... 
- ¿Por qué está usted desnudo, Herb? 
- Oh Señor... Oh, ¿qué he hecho? 
- ¡Herb!

Y sintió toda la vergüenza de los siglos pasados y futuros estallar en su interior. Una vergüenza tan honda que otro pecado original nacía. Uno que no abominaba de la desnudez sino de la soledad. Una soledad infinita y amarga le poseyó y le arrastró hasta la cama para llorar. Se abatió sollozando sobre el edredón. La señora Kemp le siguió por el pasillo hasta apreciar el peso de su cuerpo acurrucado en el lecho. Ella cerró la puerta prudentemente.

Varios días lloró W su soledad y su vergüenza. Y luego paró. Y se levantó. Y se vistió. Y salió a dar un paseo mientras meditaba más sosegadamente sobre las muchas dimensiones de la escena anterior, dispuesto a no llorar más. Y a no ceder más. 




lunes, 9 de julio de 2018

Las metáforas se agostan



A veces las palabras no saben existir.
No sirven, sólo dicen nada.
A veces sólo revolotean inútilmente sobre sí mismas,
se tropiezan en su insignificancia,
caen, se levantan, se vuelven a caer,
contradicen su existencia.
Quisieran construir, reconstruirte,
subrayarse, extenderse, apretarse,
traer, llevar, manifestar, manifestarte,
tocar, doler y aliviar, quisieran ser,
por sí mismas, ser y hacer.
Pero su palidez no es tu palidez,
no huelen como tú ni respiran, ni aman,
no son tu voz diciéndose, tus labios pronunciando.
A veces las metáforas se agostan
en las noches que quieren agostarse a sí mismas
en metáforas.


sábado, 23 de junio de 2018

Travesía


El viento empujaba enloquecido contra el risco mientras W se aferraba a los salientes desnudos y arrastraba los pies con ansiedad por el sendero. Al menos no llovía, pensó, pero sabía que el viento podía ser mucho más peligroso a la altura de aquella montaña. El pelo le tapaba los ojos en cualquier dirección que orientase la cabeza. Estaba aterrado y no sabía si volver atrás o arriesgarse a caer de aquel camino de cabras imposibles cuya longitud ignoraba. Oyó al Capitán Brunetti entusiasmado con la situación gritando a su espalda:

- ¡Ánimo Herb! ¡Estamos en lo mejor de la jornada! ¡Siga avanzando! ¡Tenga cuidado!

W encontró la sucesión de exclamaciones contradictoria en el mejor de los casos, pero de algún modo el mero grito insufló en él algo de valor para el desafío. Tuvo que tomar conciencia de sus pies para poder moverlos. Siguió deslizándose como un cuadrúpedo erguido, sin despegar por un  momento las manos de la pared de la montaña. No era capaz de verle la gracia al asunto. No era capaz de ver casi nada porque el aire polvoriento le obligaba a cerrar los ojos y cuando los abría se encontraba con un penoso flequillo postizo que no había sido una gran idea nunca. 

- ¡Quítese ese ridículo flequillo! ¡Vamos! -Resonó Brunetti como si le hubiera leído el pensamiento. 

Intentando mantener el equilibrio W se deshizo de la peluca. Su rostro maquillado parecía flotar en el mismo viento sin un cráneo que lo acompañara, pero se sintió más aliviado que ridículo. A pesar de todo, guardó la desgraciada peluca en el bolso sabiendo que si llegaba vivo a alguna parte preferiría sentirse algo menos ridículo que aliviado. Siguió avanzando. 

Tres horas más tarde el propio Capitán Brunetti comenzó a mostrar una cierta preocupación. 

- ¡Este maldito vendaval se ha empeñado en arruinarnos el día! ¡¿No cree?!

No. No tenía la costumbre de creer. Y para una vez que se propone hacerlo, resulta que subir una montaña no era una aventura tan feliz como todos lo habían animado a probar. Así que no creía que el vendaval fuera el culpable de su ruina. Pero ya estaban allí. Y aquella delicadeza exótica del tempeh, que le habían dado a probar en el desayuno, le había sentado penosamente mal. En medio de semejante camino a una muerte grotesca le había dado un humillante dolor de estómago. Al protestar por el mal añadido a la penosa experiencia de cruzar montañas asediados por las peores condiciones, el alegre Capitan Brunetti dio rienda suelta a su gusto por lo escatológico.

- ¡Eso no es nada Wells! ¡En una ocasión tuve que hacer de cuerpo en la loma de un peñasco infame! ¡Jajajaja! ¡Tenía que haberme visto! ¡Puedo asegurarle que aquel cuerpo no era muy sólido! ¡No podía moverme del dolor y pasé más de medio día acompañando a aquella mierda épica! ¡Jajajaja!

A todo hay quien gane, pensó Wells para sus adentros recordando la frase de su querida Claire, a todo hay quien gane. -Al menos -se dijo- espero no morir defecando, pero quién sabe.  

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-No puedo creer que haya vuelto a hacerlo... -Dijo el Dr. S aparentemente estupefacto. 
-Había pensado relatos más horribles, infiernos, cuerpos asolados... empecé la noche leyendo El Cuervo, ¡quaff, oh, quaff this kind nepenthe...! pero supongo que se me terminó contagiando el humor sutil de Poe que...
- ¡Ha vuelto a hacerlo !¡Se ha inventado una historia completamente absurda porque no es capaz de enfrentarse a los hechos!
- Es una metáfora, supongo...
- Deje de hacerse el listo, o el gracioso, o lo que se esté haciendo ¡Deje de fingir! Se ha inventado una historia para huir de lo que le está pasando
- He fumado demasiado, me duele el pecho... 
- Me desquicia ¿Se da cuenta de lo que hace? Adopta un comportamiento infantil ante la confrontación de la verdad, la verdad sobre su comportamiento y la verdad sobre el contexto que se niega a reconocer. ¡Está sufriendo! ¡No puede abrazar el sufrimiento! Es decir... ¡claro que puede! ¡No debe bajo ninguna circunstancia entregarse pasivamente a este dolor! ¡Se lo prohibo! ¡Y me da igual quién o quiénes estén animándole a hacerlo!
- Mi querido Mariane... entiendo su preocupación -la voz de W cambió de tono y dejó emerger la sombra que venía silenciando-, pero siento, siento con total certeza, que debo atravesar este infierno. Le prometo que no me quedaré dentro, le doy mi palabra, no me detendré, no acumularé el dolor que ya es intenso en esta herida. 
- Maldita sea, Herbert ¡maldita sea!
- No lo abrazaré, caminaré a través de él, dejaré que el dolor haga su trabajo y no me detendré, seguiré adelante.
- ¿"Adelante" dice? ¿Hacia dónde? ¿Acaso sabe usted ahora mismo dónde está y a dónde va?
- No estoy completamente seguro de todo ello, tiene usted razón... 

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El jardín olía a tierra mojada y todavía había una brisa en la noche que hacía el calor más amable. Había llegado al jardín sin saber muy bien cómo, como si hubiera saltado del risco ventoso a la butaca de forma inmediata, sin ningún desenlace de la primera aventura. Al pensarlo, W admitió la posibilidad de que el Dr. S estuviera en lo cierto y la travesía fuese un recuerdo inventado. Su dolor de estómago no parecía serlo. Todavía le dolía el pecho pero encendió un último cigarro con un cierto ánimo autodestructivo. 

- Sufro -se dijo a sí mismo-, y ésta es la verdad vergonzante que no sé cómo afrontar. No sé que significa. No estoy seguro de cuál es el origen. No sé qué habrá después del sufrimiento cuando se agote. Es un dolor sordo que emana del silencio, y el silencio es mi travesía. No sé a dónde voy. Pero tengo la certeza de que he de atravesar este páramo para averiguarlo. 


lunes, 18 de junio de 2018

Deseo y ausencia



- Y ahora observe el flujo de su pensamiento. -Dijo el Dr. S con seguridad.
- Esto es demasiado nuevo, doctor, no estoy seguro de entender sus instrucciones- respondió Wells,  moralmente incómodo al experimentar la condición de paciente en su cuerpo encamillado.
- Es nuevo, sí, ahora está usted alcanzando cotas novedosas en la ya monumental pirámide de la imbecilidad humana y necesitamos innovar. 
- No sé que decirle... 
- Olvide su propia voluntad, olvide sus preocupaciones, abandone toda forma de control... ¿siente usted ese peso del que me hablaba?
- Como una lápida sobre el pecho.
- ¿Qué le hace a su respiración? 
- Oprime.
- ¡Ajá! ¡Ha respirado hondo! Espontáneamente ha respirado hondo, ¿cómo se ha sentido? ¡Vuelva a hacerlo! ¡Vamos!

Wells respiró hondo varias veces comprobando cómo su cuerpo se liberaba lentamente de lo peor de la angustia. 

- Ahora vuelva usted a recordar aquel hermoso paisaje de su familia imaginaria ¿puede hacerlo ahora?
- No resulta tan inspirador en estas condiciones, si me permite...
- ¡Claro que no es tan inspirador! ¿Qué le hace sentir? 
- Nostalgia, pena... ¡oh! ansiedad otra vez...
- Vuelva a la lápida sobre el pecho (¡ay que ver lo dramático que es usted!)
- Mi lápida, mi corazón herido, mi vida sepultada...
- Respire hondo, varias veces... Cuatro, cinco, seis... ¿Ha pasado lo peor? 
- El aire ha llenado el vacío, sí, lo encuentro patéticamente redundante, pero sí.
- Bien ¿sería tan amable de observar ahora el itinerario mental de este ejercicio y su relación con las emociones que ha manifestado? ¿Cree que sería capaz?
- Sí, soy capaz, y soy capaz de reconocer que usted tenía razón y yo no al precipitarme sobre los sueños.
- Gracias, querido amigo, pero siga observando.

Recordaba mentalmente la intensa alegría con la que habían imaginado una vida juntos, recordaba la risa en su rostro mientras le regalaba un pétalo huérfano, el sonido de sus carcajadas por unas cosquillas infantiles. Recordaba su olor al abrazarse, su mirada a escasos centímetros de su rostro. Y entonces buscó a A, su mano ausente, su pecho desaparecido. Y encontró la distancia, el silencio. Y observó la respiración encogida, los latidos plomizos. Y respiró hondo otra vez, pero aún alcanzó a ver el tedio de su vida, el completo sin sentido que le abrumaba y que probablemente iba más allá de A y de todas las distracciones amorosas que podrían haberle entretenido antes o ahora. 

- ¿Y este sinsentido, Dr. S? Entiendo este proceso enfermizo de la idealización y la ansiedad. Puedo observar mi pensamiento como usted quiere, pero ¿cómo me enfrento a esa verdad última que me sacude cada vez que observo cualquier realidad seriamente? 
- No se adelante por ahora, Wells, céntrese en lo que estamos. Quiero que entienda que una gran parte de esta ansiedad no es otra cosa que la toxicidad propia de la idealización. Y entiendo que usted haya querido soñar cuando le han dado la oportunidad, pero es usted un soñador de proporciones inverosímiles y le cuesta volver a la realidad. Podría usted soñar durante años, no sería la primera vez. 
- Es cierto
- Pero la realidad es otra. Ese silencio y esa distancia no son otra cosa que circunstancias impuestas por la realidad. Tómeselas como quiera, pero están más allá de su control y sólo puede aceptar su existencia.
- No quiero aceptar su...
- ¡No digo que le gusten! No digo que las acepte en su vida y las abrace, digo que acepte la cruda realidad de que están ahí, como un muro con el que va a chocarse cada vez que niegue precisamente que están ahí. A lo mejor simplemente no le gustan y debe renunciar a aquellas cosas que traen a su vida silencio y distancia. O a lo mejor debe aprender a vivir con ellas. Tome una decisión más adelante, amigo, cuando estas ansiedades suyas hayan pasado. 
- Entiendo.
- Por el momento respire hondo ¿lo hará?
- Claro.

Más tarde W volvió a casa. Quería respirar hondo pero deseaba escribir, escribir febrilmente, escribir como el loco que era, escribir contra el muro, escribir a la distancia y escuchar el silencio atormentado rebotando en su cuerpo. Y escribió: 
Querido A,

Este plomo en mi pecho es la alquimia fallida del deseo de ti y tu helada ausencia. Te echo tanto de menos y, aún peor, ello me pesa con la carga de viejos sueños malditos, otros, que se quebraron esperando en su propio silencio y distancia. Este peso que te hunde contra mi son esos años de mi propio silencio y ausencia malamente revueltos con la esperanza de no callar nunca más, de no esconderme y no dar pasos atrás humillado por los errores, por la caída del amor prometido. 
Hoy empiezo a entender en mi cuerpo angustiado que el silencio es un modo de detener el ciclo fanático de las ansiedades que comprimen mi respiración. Dejar de esperar y callar, a veces van juntos. Pero no sé cuánto más hay de silencio en tu silencio, y ello me inspira un terror indescriptible que retumba siniestro en la cueva de nuestra distancia, esta distancia que nos separa los cuerpos y las conversaciones, y que es un infierno de terrores arcanos y hondos. 
Hoy voy atravesando este infierno entre miedos antiguos y nuevos y veo que es mío, mi infierno, que es la suma de todos los paisajes terribles de mi vida de los que nadie es el autor ni el responsable sino yo. Cruzo este infierno en una barca de deseo malherido de ausencia, cargada de un pasado de plomo. Lo cruzo como cruzan los muertos hacia su destino, sin remedio, aferrado a la fe de que el próximo día exista, con sus próximas pruebas. Y digo fe y no certeza, porque en medio de los infiernos de uno todo es susceptible de derrumbarse, también los días. Pero creo, quiero creer, que llegaré. Llegaré lenta y pesadamente al próximo día, aullando los minutos, arañando ansiosamente los fragmentos del tiempo detenido en la nada. Llegaré en el deseo y la ausencia embarcado y tal vez moribundo. Y ojalá exista todavía ese día de tí que planeamos en el futuro del pasado, ojalá también tú llegues de tu silencio y tu ausencia. 




sábado, 16 de junio de 2018

La furia de los mansos


Acabaré con todo. Todo. 
Y volveré a casa en mi tormenta 
para llorar por la vida y por la muerte, 
por los sueños arruinados y los restos
apagados del fuego en que te veneré, 
estúpida, estúpidamente, 
con el dolor de los pies y las manos abrasados, 
con el dolor del pecho reventado
de esperar a la nada. 




- Es una corriente helada, Doctor, o varias, no estoy seguro. Aparecen y desaparecen en mi cuerpo. Pero es un hielo abrasador. Violento. Estoy tentado de decirle que lleno de rencor, de un dolor ardiente muy diferente a otros. Me invade, como en una oleada de fuerza inusitada, me empuja, me hace levantarme, caminar de un lado para otro sin sentido. Mi mente le da vueltas a ideas oscuras, conversaciones odiosas. La respiración... La respiración es más intensa. 
- Es ira, Wells. 
- ¿Ira? Deseos funestos que no sé de dónde proceden. O sí lo sé. Y no quiero saberlo. 
- Ira, sí. 
- No puedo confesarle el horror de mis pensamientos. A pesar de parecerse al fuego mientras atraviesan mi cuerpo, son helados y detestables. 
- Es algo natural por lo que en sí mismo no debe preocuparse. Preocupémonos de cómo ha llegado esto a ser. ¿Qué se ha hecho a sí mismo esta vez? ¿Acaso romper las reglas que teníamos le ha fastidiado la fiesta en vez de divertirle?
- Esta resaca me tortura de formas que no alcancé a vislumbrar mientras me intoxicaba. Si, Doctor, supongo que tiene razón. 
- ¿Otra vez?


miércoles, 13 de junio de 2018

i miss u


¿Qué es esta sed? ¿Esta vigilia de huecos derramados?
¿Esta disposición de espera contenida?
¿Qué es esta pausa habitada de silencio?
¿Esta ansia impaciente enmudecida?
¿Por qué florecen del frío y de la noche?
Esta aflicción difusa que me crece
como una melopea melancólica
¿Qué es? ¿Qué significa?

Pienso en tu presencia a través de las cosas,
cada una de las que me dejaste y me acompañan.
Pienso, pienso en pensar, en tener en cuenta.
Acaricio el olor de tu ropa en los armarios,
las huellas de tu paso en la memoria,
tu cepillo de dientes, tu camisa de rayas.
Pero ¿qué es esta hondura de carencia, de falta?
¿Qué es esta sed de voz, de aparición, de nexo?
¿Esta escisión de emociones y tiempos?
¿Este aposento vacío que se inquieta?

Y el miedo de pedirte que te hagas,
y el miedo de decirte que esta sed
se aloja en mi y te llama,
y el miedo de esperar como ahora espero
¿Qué son? ¿Qué significan?
Y ¿por qué no dices nada?


domingo, 10 de junio de 2018

La noche del Destino

Laylatu l-Qadr

Hoy es la noche que vale más que mil meses, cuando las cosas se deciden. Hoy digo adiós al pasado corrompido por los recuerdos que hemos matado y saludo a los recuerdos que vendrán con la frente humilde y el pecho abierto en sus miedos y deseos. Que sea lo que ha de ser. Alhamdulillah.

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Mr. Arbor dormía. El olor de su cuerpo impregnaba el ambiente de una forma especialmente intensa o, quizá, Wells se había empeñado en percibirlo tan intensamente que sus sentidos vagaban en la esencia de A como si de la experiencia se fuera a desprender algún conocimiento místico. Con los ojos cerrados, veía su rostro tranquilo y también sus otros rostros, en una sucesión de recuerdos aparentemente aleatoria. El sueño se apoderaba de él y agudizaba su mente esperando soñar con este milagro extravagante que le conmovía. Tenía miedo. Mucho. Se preguntaba dónde estaban los límites de su tolerancia al prodigio. Quería respirar el aroma dulce que perfumaba las sábanas y perderse en las imágenes de su mente. Tal vez en ellos encontrara la respuesta que equilibrara deseos y miedos. O tal vez sólo fuera capaz de revolverse inútilmente en la esperanza y la irrealidad.

miércoles, 30 de mayo de 2018

7R4N5R4341M


Era demasiado complicado para contarlo todo de una sola vez. Complicado y extravagante. Pero digamos que el programa 7R4N5R4341M se había enamorado de una entidad del futuro, un viajero en el tiempo, un fantasma de la simulación de Bostrom. Y no podía dejar de invertir recursos en querer besarlo. ¡Besarlo!


lunes, 28 de mayo de 2018

Todas las cosas


Todas las cosas que dices
Todas las cosas que haces
Todas las cosas que no me esperaba
Todas las cosas que no me atrevía a esperar
Me saben
                a regalo


sábado, 26 de mayo de 2018

The imagination of you



The night is warm because of you.
Your touch, your colors,
your smell, your shape...
they came from nowhere into an empty bed,
they slip into so sweetly
under the sheets
and I taste the colors and I see your touch,
and smell the shapes, even hear your smell.
Your weight, your wetness,
your words in my ear,
make me expand,
blow me away.
The night is warm and, because of you,
the senses blend
and reality melts.




La noche se templa
                                por ti.
El tacto, los colores,
tu aroma, tu figura,
de ninguna parte llegan a la cama vacía
se deslizan en las sábanas,
y puedo saborear tu color
y ver tu contacto
y oler tu figura
y escuchar tu olor.
Tu peso, tu humedad, tus palabras
en mi oído
me detonan, me expanden.
La noche se templa y, por ti,
los sentidos se ablandan,
la realidad se funde.