miércoles, 20 de febrero de 2019

El Dr. S


-Le felicito, amigo -Susurró el Dr. S casi como si hablara para sí mismo.
-Así que finalmente le pedí que se marchara y... ¿me felicita? -Respondió W sorprendido.
-Felicidades Wells, en efecto, y no ponga usted esa cara. A pesar de su escaso talento para el maquillaje veo perfectamente su escepticismo en ¡esas! ¡esas muecas! 
-Oh, bueno, sí, pero ¿por qué me felicita exactamente? 
-Está matando a su estúpido pánico y necesito que usted continúe dominando su angustia exactamente en esta forma. Deshaciéndose de los problemas que no son suyos y poniendo sus necesidades en primer plano en vez de poner las de otros.
-Entiendo. ¿Cree que esto guarda relación con su hipótesis? 
-Por supuesto. Treinta años con el trasero en esta silla me autorizan para afirmar que esta condición suya guarda relación con su terco apego a la melancolía y a las situaciones en que usted se empeña en no ser y no expresarse. Le aseguro que su caso puede mejorar con el tratamiento adecuado. Con el tratamiento adecuado y una cierta disciplina por su parte, naturalmente. 
-Entiendo, Doctor, sin embargo, no sé cómo voy a mejorar mi melancolía deshaciéndome de las personas a las que amo. Me siento magníficamente mal, perdido, a ratos lloro de pura confusión, me siento estúpido e ignoro cómo podría sentirme de otro modo en medio de este páramo que es mi...
-¡Basta! Ésta la actitud que hay que disciplinar, precisamente. Más de la mitad de las vivencias que usted me cuenta en esta consulta carecen de la más mínima trascendencia, son ridículamente triviales, imbecilidades que usted se empeña en sublimar y convertir en el guión de un trauma irracional que ha terminado convirtiéndolo a usted en ¡invisible! El común de los mortales es perfectamente capaz de airear sus disputas con otras gentes en cuestión de minutos y volver a la realidad sin hacerse más daño que un arranque de ira, pero usted... En fin, hoy no quiero profundizar en este asunto, no. Deseo felicitarle. Sí, le felicito, definitivamente.
-Es usted un adulador mediocre, si me lo permite. -Respondió W intentando cambiar el tono de la conversación.
-Tal vez. Tampoco es usted el más brillante de mis casos, sin duda. 
-Sin duda me he convertido en el menos brillante de todos ellos. 
-¿Intenta ser gracioso?
-Es posible. No sé qué decirle, en realidad.
-Pida cita para la semana próxima. Le felicito por todo menos por su sentido del humor.
-Y aún así podría retarle y ganar cómodamente el duelo cómico

Finalmente el Dr. S sonrió mientras movía la cabeza indicando desaprobación.



No hay comentarios: