La puerta se había cerrado. Finalmente resultó una de esas despedidas cordiales y opacas. La clase de despedida que Wells añadiría a un repertorio extenso de aciertos desafortunados. De prudentes retiradas tristes. Un desenlace justo cuyo imprevisto e invisible amargor explotaba silencioso e imperceptible en millones de mierdas microscópicas del ánimo. Wells se quedó todavía un rato mirando la puerta cerrada y tomando conciencia de su significado. Leyó el nombre del letrero con una perezosa nostalgia prematura. Era imperativo olvidarlo. ¿Lo era? Lo era. Aún así buscaba dos minutos más de la confusa emoción que había precedido ese momento. Vagaba por el brillo de un mechón de pelo memorizado, se asía a los ojos sonrientes y las letras de las cartas leídas una y otra vez con asombro. Pero sólo estaba ante una puerta cerrada.
- Besos y gracias! -dijo.
Y nada más.
1 comentario:
un gato negro al final de las lineas!
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