domingo, 6 de septiembre de 2009

Hidden 4 estaba de pie en medio de la habitación. Se mordía un labio y me miraba. Los niños gritaban y se agitaban por todas partes. Competían por terminar un chiste del que sólo sabían algunos trozos. Intentó dirigirse a la mujer de su lado, pero todo el mundo estaba siguiendo el estruendo y la risa de los niños. Nadie le oyó empezar una frase que terminó en voz baja mientras me volvía a encontrar con la vista. Terminó y se rió. Permaneció en silencio el resto del tiempo. Se sentó. Supongo que era tímido. Eso dicen de él. El caso es que varias veces más me miró y sonrió sin motivo aparente. Miraba con determinación, con la firmeza que decían que le faltaba. Era extraño.

Varias semanas más tarde seguía pensando en aquel día. Ya sólo quedaban imágenes inconexas y desgastadas. El océano de lo imposible había crecido con los días... si es que la imposibilidad aún crece. De todos modos yo estaba otra vez frente a ese mar. En la misma playa inútil. Con la vista en un horizonte irreal.

Sólo quedan los signos de ti.

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