miércoles, 8 de abril de 2009

el camino

Era la hora de parar. De mirarse los pies, la mierda y el cansancio acumulados, el estado del calzado.
-Hemos avanzado mucho -dije en alto.
-Sí -contestó la Dra. L un poco ausente.
-Tengo que parar... -creo que resoplé. Me estiré. Levanté los brazos. Moví el cuello . Me dolía.
-Hmm... -ella me miró con paciencia cansada.
El camino se había convertido en un vertiginoso sendero medio colgante. Un acantilado sobre el mar en calma. Unas maderas podridas apuntalaban el sendero en la poca tierra que abrigaba la roca. Era el camino. No estábamos perdidos. Sólo un poco jodidos. Podía imaginar un barco en la serenidad del horizonte... pero no. No era un lugar seguro para parar, ni para perder el tiempo con metáforas existenciales

No te seguiré a donde miras cuando miras sin mirar
Ese lugar vacío, esa serenidad
de nada cavilante
abrigo
del pecado original de descubrirte
terco y frágil
No sujetaré tus trozos rotos si sólo miras a otra parte


El suelo cimbreaba bajo nuestros pies. Sólo tardamos unos minutos en volver a ponernos en marcha. L permanecía en silencio.

1 comentario:

Unknown dijo...

UN GRAN BLOG, TE HA AÑADIDO AL MÍO... NO SÉ QUIÉN ERES, PERO ME ENCANTA TU TRABAJO..

PEDRO sALVADOR